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Carta a un editor y un poeta

Carta a un editor y un poeta

Con sílabas de gol, de Antón Castro, lo publica Prensas de la Universidad de Zaragoza (PUZ) en su colección de La gruta de las palabras. Es un libro dividido en cinco partes, que abordan desde la revelación del fútbol en los equipos modestos del pueblo (Arteixo, Santa Mariña de Lañas, Loureda, en A Coruña), los amores soñados e imposibles, algunos ritos de iniciación, la amistad con Arsenio Iglesias y los jugadores del Deportivo en los años 70 en la niñez, recuerdos de Luis Suárez y de un profesor que entendía el fútbol casi como una asignatura más que permitía establecer vínculos de amistad y de conocimiento del mundo. También incluye un diario a lo largo de los años —donde hay retratos de Cruyff, Beckenbauer, Pelé, Sotil o Aitana Bonmatí— y otros textos en lo que se abordan los primeros amores, la mitomanía o el influjo de jugadores como Alain Giresse, la salud mental o el recuerdo de Enrique Castro Quini.

A continuación, reproducimos “Carta a un editor y un poeta”.

*****

CARTA A UN POETA Y EDITOR

A Fernando Sanmartín.

 

Querido amigo.

Me pides que te cuente qué ha sucedido

en Francia, por qué ganó una España

con la que pocos contaban, la nueva

Roja que ha obtenido su cuarta Eurocopa.

 

Madrid. 21 de junio de 1964.

Casi todos teníamos en el recuerdo

aquella tarde legendaria en la que Pereda

y Marcelino, cabeza de oro, batieron

al guardameta portentoso Yashine, la araña negra.

Habíamos visto el gol decisivo una y mil veces,

en una imagen manipulada del centro letal

al que nuestro ariete, pura contorsión de cuello,

respondió con un resorte casi homicida. Golazo.

 

Viena. 29 de junio de 2008.

También teníamos en la memoria otros dos choques:

el día en que Fernando Torres marcó ante Alemania

en una aceleración de pícaro que domina el contraataque

y la velocidad del chiquillo que se adueñó de la calle.

Aquella victoria engrandeció la leyenda de Luis Aragonés:

el estilista, el goleador, el ‘zapatones’ acaso grosero

o motivador, el maestro insobornable

del banquillo, el estratega que desafiaba a los dioses.

 

Kiev. 1 de julio de 2012.

Y cómo olvidar la tarde-noche en que España,

ebria de sangre, de talento y de imaginación sin límites,

realizó una auténtica obra maestra

ante la Italia de Pirlo: fue el partido perfecto,

avasallador, el fútbol hecho arte, alegría e ingenio.

Dicen los que entienden y no olvidan

que España nunca fue tan espectacular ni coral.

Ni siquiera ‘Las meninas’ eran tan rotundas.

 

Alemania. 2024.

Este equipo, así de entrada, poco tenía que ver

con cualquiera de ellos. Por no tener hasta carecía

de confianza social: Luis de la Fuente no enamoraba

y en la nómina de 23, o alguno más, no se atisbaban estrellas.

O si las había, descollaba un centrocampista de oficio:

el principio del ataque y el núcleo duro de resistencia.

Un peón de club y el apuntador del teatro verde.

Rodri. El gigante con piernas de ave rapaz.

 

Visto y no visto.

Desde el primer instante, desde la batalla con Croacia,

España se gustó. Tenía un libreto variado, sutil,

donde cabía un poco de todo: la rapidez y el vértigo,

la sorpresa y el contragolpe, el desborde y el disparo lejano,

la triangulación metro a metro, pura manufactura

de pies, cabeza y corazón.

Uno a uno, fueron sometidos los rivales.

Todos. Daba igual fuese quien fuese.

Y los jugadores, de clase y trayectoria, sí,

pero en el fondo corrientes, se fueron llenando

de destellos y epítetos que redondearon

las armas y los instrumentos de una orquesta

proclive a todo. Ambiciosa, sufridora, onírica.

Más pundonorosa de lo que podría parecer.

 

Emergieron todos los nombres: el dinámico

Cucurella, la dirección magistral de Rodri,

la batuta milagrosa hecha de lápiz y pincel;

la velocidad y el regate y el trallazo de los niños:

Nico Williams y Lamine Yamal, esos futbolistas sin edad,

cuchillos en la banda, águilas a cielo abierto,

potros desbocados, callejeros e imprevisibles.

Los gladiadores de artesanía arcaica: Olmo y Fabián.

Y con ellos, otros, muchos otros, todos.

La armonía del conjunto, la solidaridad,

la táctica trabajada, la inclinación a la épica,

ese camino que les llevó a resistir

ante cuatro excampeones del mundo

y vencerlos con esfuerzo, calidad y belleza.

No lloréis de impotencia, Italia, Alemania, Francia e Inglaterra.

Aplaudid el coraje, el atrevimiento y el sueño.

España aspiró a la orfebrería y al poema.

 

Esta España no era la mejor del planeta

ni quizá la mejor de Europa. No era la favorita.

Ni lo necesitó. Ganó con valores perpetuos:

sin euforia pero con la pasión de los grandes

y con el botín del buen juego,

iluminado por una ráfaga de buena suerte,
que siempre es necesaria para ser campeón.

 

 

Querido amigo.

No estoy seguro de haberte respondido.

El fútbol es antojadizo. El tratado de lo incierto

y la encrucijada de la gloria.

Pero, a veces, ganan los que más lo desean

y ponen en el césped el mejor diálogo,

el brillo de la fe, el temblor de la valentía.

El oculto destino de los héroes.

Con todos ellos, de Unai Simón a Morata,

el balón se embelesó de hermosura

 

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Autor: Antón Castro. Título: Con sílabas de gol. Editorial: Prensas de la Universidad de Zaragoza (PUZ). Venta: Todostuslibros.   

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