Textos de autor
El organillo mudo (Arresto domiciliario 68)
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A veces lo que duele ilumina, y viceversa. Hoy pasamos al lado de un organillero. Estaba solo al lado del semáforo, en medio de...
Favor de rebobinar (Arresto domiciliario 67)
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Irse a la cama con la conciencia desbordante de dudas es condenar al coco a seguir trabajando sin paga ni provecho. No soy de...
Los abandonados (Arresto domiciliario 66)
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Siempre es perturbador encontrar en el librero ejemplares con el separador clavado muchas páginas antes del final. Buenos libros, de pronto, como buena era...
Gloria Zea
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En mi caso personal, ahora que falleció mi madre, Gloria Zea, pude presenciar, junto con mi hermana y mi hermano, algo que pocos han...
Nocturnas neurastenias (Arresto domiciliario 65)
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Ciertas mañanas, no bien amago con abrir los párpados, encuentro muy extraño que no sean ni las nueve y ya mi correclusa tenga puestas...
La risa de las ratas
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Cada cual tiene sus ideas sobre la gente. En lo que a mí se refiere, con los años he llegado a la conclusión de...
Extasiadas rendijas (Arresto domiciliario 64)
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Tiene su ciencia esto de rascar perros, aunque tampoco es ingeniería nuclear. Si ellos tuvieran manos, amén de uñas delgadas y flexibles, poca falta...
Inapetonto (Arresto domiciliario 63)
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Decir que tengo el tabique desviado suena bien a manera de explicación, pues ya se sabe que un olfato defectuoso dificulta de paso el...
Cajas
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Cuando fueron depositados en la caja, cada uno de esos objetos eran importantes y únicos para mí. Luego he publicado más cosas y he...
En pantalones cortos (Arresto domiciliario 62)
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La infancia está sembrada de confines. Cuando tuve en el pulso mi primer reloj —la clase regalo que a los nueve años te hacía...
Descubrimientos inesperados
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Espero que el futuro nos traiga más descubrimientos inesperados, de esos que nos obligan a esforzarnos para entender cómo es posible que existan semejantes...
Literatura y destino
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Le gustaba dar clase en la sala de reuniones de su departamento. Era una profesora exigente, maternal con los buenos alumnos y distante con...
El sombrero sin plumas (Arresto domiciliario 61)
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—¡Mírala! —se horripila de golpe mi correclusa, tras ver al animal en la pared y dar un alarido lovecraftiano que me trae de regreso...
La red antisocial (Arresto domiciliario 60)
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¿Ya ves lo que te digo? Si mis seres queridos —correclusa, padre, mánager— no pueden verme hablando del Toon Blast sin expresar cierta preocupación,...
Estas ganas de trinar (Arresto domiciliario 59)
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Me siento en estos días como cuando te enfermas del estómago y el doctor te pregunta qué comiste. ¿Yo qué voy a saber qué...
En confinadas cuentas (Arresto domiciliario 58)
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Yo no sé si mi madre supiera del apoyo emocional que dan los números en tiempos de caos, pero solía ser una atleta del...
Newton y la peste
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En la primavera de 1665 comenzó en Londres una terrible epidemia de peste bubónica (ahora sabemos que era producida por la bacteria Yersinia pestis) que...
Cuando llega el silencio (Arresto domiciliario 57)
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Vivimos en las faldas de una montaña con ínfulas de bosque cuyo curioso nombre –Desierto de los Leones– en nada ayuda a describir nuestro...
Se solicita desviralizador (Arresto domiciliario 56)
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¿Qué pensarías, sagaz Cuarentenario, de un estratega publicitario que ofreciera a sus clientes campañas promocionales diseñadas para hacer metástasis en el mercado? ¿Qué tantos...
Atacan las garrapatas (Arresto domiciliario 55)
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Qué verbo pomposo éste: digitalizar. Transcribo, en realidad; unas veces dictando, otras tecleando. El día que un escáner consiga descifrar mis garrapatas, sabré que...




















