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Esta sí es nuestra verdadera historia y no la tuya

Esta sí es nuestra verdadera historia y no la tuya

Querido Juan José Millás:

El 19 de noviembre de 2017 a las 22:37 h. robé tu verdadera historia de la estantería del VIPS de la calle Fuencarral 101, huyendo de un altercado que tuve en un piso de la calle Apodaca. Anduve durante 3 horas y 33 minutos por el camino más corto que me indicó Google Maps, hasta llegar a la Iglesia de San Pedro Apóstol de Polvoranca, en Leganés.

Mi verdadero trayecto

Aquí dentro, agazapada en el interior de un confesionario mohoso, he devorado tu verdadera historia. He tardado 4 horas en leerla y ahora, con tu libro como testigo escondido bajo el plumas, debo tomar una decisión antes de que amanezca.

Por un lado, si esta fuera tu verdadera historia ya estarías en chirona. Estarías en el talego como lo estuvieron otros tantos —Cervantes, San Juan de la Cruz, Oscar Wilde, Verlaine o Burroughs, que disparó a su mujer jugando a ser Guillermo Tell y en lugar de atravesar la manzana le voló los sesos—.

William Burroughs escopeta en mano

"Amanece, Millás, amanece y canta el gallo. Y no me queda otra alternativa que delatarte. Porque por hache o por be te lo mereces."

Por otro lado, querido Millás, si este fuera el farol más gordo que te has marcado en tu vida —si esta fuera otra maldita falsa historia como lo son todas las novelas— me has hecho creer que tu carambola era cierta. Me has desvelado. Me has hecho cómplice de tu crimen. Me has excitado. Vaya, que me la has colado de lo lindo. Y lo peor de todo, lo más chungo, es que me he pillado por ti.

Por ti el del libro, ¿eh, Millás?, que yo a ti no te conozco de nada. Si te parece, ya que no le has dado nombre al personaje, voy a llamarlo Sállim a partir de ahora. Sállim porque es tu reverso, porque eres tú haciendo el pino, porque es tu vómito ficticio.

—Joder, qué frío hace en esta maldita iglesia.

Amanece, Millás, amanece y canta el gallo. Y no me queda otra alternativa que delatarte. Porque por hache o por be te lo mereces. Voy a delatarte y a hacerte cómplice del escenario del que huyo, al igual que tú me has hecho cómplice del tuyo.

La iglesia de Polvoranca en la que estoy escondida, en Leganés

¿Cómo crees que me siento pensando que te has inventado a Sállim?, ¿qué hago con todos los personajes que os inventáis los escritores con los que no puedo interactuar más allá del tiempo de lectura?, ¿cómo crees que me siento ahora que he terminado el libro?

Además, ¿qué es esto de que te vayas de rositas por haber confesado tu pecado?, ¿qué es esto de camuflar tu crimen en un libro confesando tu culpa al lector y convirtiéndolo en literatura ante la ley?

—Es una novelita —dirás ante el Tribunal— es solo ficción.

Pero allí estaré yo para desmentirlo mirándote desde el banquillo de los acusados. Estaremos tu padre, tu madre y yo. Tu padre por fin orgulloso de tener un hijo de ficción. Tu madre al fin aliviada con la verdad, por fin desposeída de tu culpa. De tus secreciones, de tus detritus, de toda la podredumbre de tu cuerpo y de tu espíritu.

—Yo lo presencié todo —diré— dejando asomar debajo de mi falda una pierna ortopédica como la que acaricias en tu historia.

Y saldremos del juzgado esposados como dos amantes cautivos.

Mi actitud durante el juicio

Entiéndelo, te voy a denunciar para poder ir al trullo contigo, para pasar la pierna por los barrotes de mi celda —contigua a la tuya— y tener un vis a vis cada semana como esos que tenías con Irene, pero los míos con una pierna de verdad; con su rodilla y su liguero, su carne y sus lunares, su celulitis, su empeine y su tobillo. Y no con una ortopédica como la de ella.

"Y se oye el correteo de una canica por el parqué. Hoy, como aquella noche, has vuelto a hacerte pis encima."

Te voy a denunciar para leerte a través de los hierros Crimen y Castigo y El idiota, para ser en prisión tu padre y tu madre, tu novia carcelera y tu biblioteca; tu Dostoievski.

Sállim, cariño, ya llaman a tu puerta. Ya se oyen tus pasos y tu dedo índice arrastrando despacio la mirilla. Ya se oye tu respiración entrecortada por la culpa. Y se oye el correteo de una canica por el parqué. Hoy, como aquella noche, has vuelto a hacerte pis encima.

Sállim, mi amor, estamos juntos en esto.

—Tiene usted derecho a guardar silencio. Cualquier cosa que diga podrá ser utilizada en su contra en un tribunal. Tiene derecho a la asistencia de un abogado durante su interrogatorio. Si no puede pagarlo, se le asignará uno de oficio. ¿Entiende usted estos derechos?

P.D. Querido Millás, esta sí es nuestra verdadera historia y no la tuya.

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Autor: Juan José Millás. Título: Mi verdadera historia. Editorial: Seix Barral. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro