A finales del siglo XIX y en la primera mitad del XX París congregó a artistas e intelectuales, pero cuando se habla de la Belle Époque y de la vanguardia posterior en el período de entreguerras apenas hay nombres de mujeres. ¿Existieron? Existieron, pero la historia las relegó a los márgenes. Fueron multitud, y su protagonismo no se limitó a crear obras maestras, ni siquiera a inventar salones literarios, dirigir editoriales, revistas o periódicos. En muchas ocasiones fueron también las que financiaron, animaron, sacaron del anonimato, descubrieron, difundieron, amaron y odiaron a los escritores hombres.
Este libro trata de remover o incluso agitar el canon de la literatura occidental para agregar luz en la ciudad que ya la tiene por méritos propios, pero que la crítica y los géneros biográficos siempre han enfocado en función de la vida y la producción literaria de los hombres.
A continuación reproducimos un fragmento de París en femenino (Planeta), de Ángel Esteban.
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