Mientras leía Preantología del poesismo pensé en lo costosa que iba a ser la tarea de reseñar el libro. Esta no es la reseña que imaginé en un principio ni la que probablemente se merece, pero es una reseña que va a intentar poner en valor una obra ambiciosa que ha pasado singularmente desapercibida en el panorama poético de este 2026.
Vidas paralelas pretendo
no prolongar
solo para que seccionen
en su nimio infinito
Agrado en recordar esas líneas
cuando si estaban cortadas
por el punto día
en que sed conocieron
Como toda antología, el libro se abre con un estudio crítico del movimiento poesista escrito por Óscar de la Torre (heterónimo conocido del escritor extremeño Julio Cesar Galán), se cierra con un epílogo de Jesús Aguado y cuenta con notas de los editorpes (que no editores), J. S. Watery, OtrÓscar Delatte, Oh!scar de la Verga y Paula Gomis. Después nos vamos a encontrar con una recopilación de poemas escritos por Paulus Elmundo y otros catorce heteroánimos.
A lo largo de más de trescientas páginas, entre diferentes técnicas, métricas y estilos poéticos se sucede un número de poemas imposible de abarcar en una reseña. No solo por su cantidad, también por el lenguaje desbordado, por los juegos de palabras, por las jerigonzas, el léxico inventado, la polisemia extrema y la contra-dicción que el propio manifiesto del poesismo declara como principios (sí, también incluye un manifiesto o —pasa ser más exactos— un manifestivo). Un desparrame de palabras que intenta abrumar al lector y requiere de más de una y deliciosa relectura. No es difícil llegar a la conclusión de que Preantología del poesismo es un libro escrito por humor al arte. Una antología de poetas inventados que aporta una visión levemente exagerada del mundillo poético actual conectándolo con el canon de la forma más gamberra posible.
Afonismos:
Muy a mi pasar, todo sigue igual de igual.
Nevar en mayo como pensar bien: basta cambiar de hemisferio.
Me pregunto cómo puedo evitar caer en todas las trampas que deja un libro así a un reseñista. ¿Cómo evitar contagiarme de la epidemia de palabras que los antologados lanzan hasta el lector como flechas compartiendo un BlaBlaCarcaj? Qué complicado poner en valor la poesía por encima de la propuesta sátira de esta especie de chirigota que podría estar compuesta por Carlos Edmundo D’Ory, Quevedo, Gloria Fuertes, los protagonistas de Larva, de Julián Ríos, Valle-Inclán, Perec, Nicanor Parra, Darío Fo o el líder de los No Me Pises Que Llevo Chanclas. ¿Cómo evitar que, en el intento de atrapar la hipérbole y la desmesura, quede enterrada la profundidad y maestría de muchos de los poemas?
Olvidar el nombre en que te digan
Ilamarlo como nadie te recuerde.
No abandonar nada por accesorio
y sembrar tu piel de superficies.
Abrazar de párpados lo que ya no te mira
porque hacia fuera sólo quede lo visible.
Hay dos maneras de ponernos un espejo literario (buen,o quizás haya más de dos, pero me viene bien que sean dos para esta reseña). Una es la ciencia ficción. En un futuro lejano, un paralelismo de la sociedad que se quiera reflejar. La segunda manera es la sátira, el carnaval, donde —mediante el humor y la exageración— se muestra un reflejo crudo de la realidad.
Lo primero lo han hecho libros como la antología de poesía futura Voz vertebra (Kriller, 2017) y el proyecto de Juan Ángel Asensio, Antología poética de la especie humana (Eolas, 2026). En este último, un erudito extraterrestre recopila, traduce e interpreta los últimos testimonios poéticos de la humanidad. Por su parte, un buen número de autores firmando bajo heterónimos extraterrestres (quizás sería más apropiado llamarlos avatares), juega en Voz vertebra con el espejo de poner a la humanidad en la voz de poetas de dentro de miles de años. Ambos libros aspiran a cierta totalidad y cosmogonía.
La segunda forma de reflejar nuestra sociedad es por la que ha optado el autor de la antología del poesismo: imaginar, de forma satírica, un movimiento poético. De esta manera, quien queda retratada es la propia poesía y, dado que la poesía trata de reflejar hacia fuera los interiores de cada poeta, el resultado no es un juego de espejos sino un laberinto de espejos. El callejón del Gato de Valle-Inclán convertido en un corredor sin fin por el que desfila una comparsa carnavalera. A los reflejos distorsionados se añaden las máscaras, la música, el bullicio, la carcajada, el exceso. Cada heteroánimo va a aportar, con su disfraz, un estilo de poemas. Alguno de ellos escribe versos vanguardistas, otro escribe poemas epigonales, otro soleares, haikus, aforismos, poemas en prosa, diccionarios y más. Cada poema es un espejo cóncavo, o convexo, o una mezcla de lentes y refracciones.
Ukiah
De oficiar espejismos,
maestra arena,
saben más mis errores.
«Todo lo que hace el poema se curva sobre el lenguaje mismo», escribía Mario Montalbetti. Es difícil conseguir que, en un poema sobre la selva, el tigre resulte peligroso. Eso solo ocurre cuando se fuerza el lenguaje. Este es un libro sobre poesía, así que tengamos cuidado: lo que se convierte en peligroso es al poeta, a la propia poesía, al lector de poesía, al reseñista.
En los casos de otras antologías inventadas, de alguna manera, los autores son sabidos. En Voz vertebra, aunque no se indica cuál es el pseudónimo de qué autor, los derechos nos revelan sus nombres: Raúl Quinto, Berta García Faet, Lola Nieto, Aurora Luque, etc. En otros libros, el autor aparece como editor y antólogo; es el caso de Antología de la especie humana o del magnífico 50 estados: 13 poetas contemporáneos de Estados Unidos (Kriller / Fulgencio Pimentel, 2022), en el que Ezequiel Zaidenwerg traduce y entrevista a quince poetas americanos que él mismo se ha inventado.
En este caso, el autor es absolutamente desconocido. Me pregunto si un libro anónimo puede ganar el Premio Nacional de Poesía. Además de este libro que nos ocupa, la editorial Barrett ha decidido publicar durante este año 2026 ocho libros totalmente anónimos, un “catálogo a ciegas” en el que se incluye el poemario Idealista. ¿Sería capaz el jurado del premio nacional de sustraerse a la biografía del autor? ¿Aceptarían, como proponía Roland Barthes, su muerte? ¿Estarían dispuestos a renunciar al renombre, al prestigio, a la presencia pública de las presentaciones, lecturas, coloquios, entrevistas en los medios, al mercado, a la generación de contenido? El artista británico Brion Gysin le dijo alguna vez a William Burroughs que la literatura estaba 50 años atrasada respecto a la pintura. Quizás debido a que las entidades con las que el escritor trabaja son menos “manipulables” que el material de los pintores. Quizás a la poesía le hace falta un Banksy, un Paulus Elmundo de Broncy. El trabajo titánico de Preantología del poesismo debería ser tenido en cuenta.
fuera lo que fuera
quien es criba
no me refiero a mí
pues uno por uno vamos
y vamos siendo tantos
que en cada vez
nos alejamos más cerca
del cero o yo absoluto
Si algo tengo claro al terminar esta lectura es que sería más difícil descubrir la identidad del autor de este libro que la de Banksy, al igual que estoy en lo incierto cuando me parece más fácil encontrar en un muro un Banksy que una pintada con un poema ingenioso.
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Autor: VVAA. Título: Preantología del poesismo: Y menos la verdad es cierto todo. Editorial: RIL.


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