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Tierra húmeda

Leo las últimas páginas de Cuando dejó de llover cuando comienzan a caer las primeras gotas de abril en mi ciudad. Algunas mojan las últimas hojas de la antología de jóvenes poetas y fulminan la lisura de las páginas del épilogo, en el que Luna Miguel dice cosas como “ya no creo en la figura del poeta sin circunstancia”. Habla de generaciones, pero de generaciones vivas, que comparten vinos y charlas, y platos de nachos en algún local barato y debates en Twitter e incluso ‪cuentas de TikTok.

Sigue lloviendo —no es un recurso estético: estoy esperando a un familiar en un parque cerca del psicólogo (porque la crisis, porque la ansiedad, porque la pandemia, porque el confinamiento)— y cierro el libro y lo guardo para cuidar los poemas de 50 jóvenes escritores que conforman un «canon» sin fronteras: Rosa Berbel, Marina Alcolea, Javi Navarro —tal vez por su poema ya merezca la pena hacerse con la antología editada por Sloper este mismo año—, Juan de Beatriz o David Leteo González.

"Poemas que ya ni siquiera se preguntan por el futuro, sino que asumen que no está"

Todos ellos, todas ellas, con un punto en común: una voz que es única entre las otras cuarenta y nueve. Aunque hay más: «Cuando dejó de llover puede inscribirse en la mística de la incertidumbre y la descripción casuística de los jóvenes que buscan construir el futuro», escribe Ben Clark en un prólogo en el que apadrina a los hijos de los hijos de los hijos de la ira, a aquellos que no saben si ha dejado de llover porque ya la tierra es infértil y no merece la pena el esfuerzo.

Y es que esta edición de Jorge Arroitia y Alejandro Fernández Bruña impulsada en plena pandemia por la revista Apostasía está, sobre todo, llena de poemas que ya ni siquiera se preguntan por el futuro, sino que asumen que no está, que tal vez no habrá hijos de los hijos de los hijos de los hijos de la ira, porque las oportunidades se están sajando como si lo que se extirpara fuera el tumor y no la vida.

Se nos fue ajando la ilusión.

Se nos endureció la paciencia

como el pan nuestro

—que nos faltaba cada día—.

Se nos afilaron los dientes

y las uñas.

Agudizamos el oído

y el olfato.

 

Algún día,

Alguien me llamará por mi nombre

pero no contestaré

(David Ferrez Gutiérrez)

Un diálogo que todos mantenemos, que todos mantenemos, que todos mantenemos

Basta con leer algunos de los últimos premios de poesía joven de estos años para confirmar que, de mil formas y maneras, desde distintas realidades, a través de estéticas incluso antagonistas, hay una base, una preocupación poética que debido a las circunstancias compartidas permite establecer —no es necesario, pero la crítica— unos temas que afectan a toda esta generación de jóvenes autores: la precaridad, la distancia, la ansiedad, la derrota cotidiana, la búsqueda de una estabilidad, los hijos…

"Como un caleidoscopio: cientos de imágenes compuestas por las mismas partículas, todas variadas y todas dentro de un mismo artilugio"

Todo ello está en Cuando dejó de llover, que los editores han decidido ordenar no por las aportaciones de los distintos autores, sino a través de seis secciones que de alguna manera tratan de plasmar estas propuestas temáticas. Como un caleidoscopio: cientos de imágenes compuestas por las mismas partículas, todas variadas y todas dentro de un mismo artilugio. Solo hace falta girar la muñeca —pasar la página— para leer “solo guardo el recuerdo de la luz / y una aversión a la palabra patria” (Rocío Acebal). Un giro más —otra página— y “lo eterno en Internet carece de sentido” (Juan de Beatriz). Uno más —otra hoja— para “formar mosaicos para mañana / con las piezas rotas de ayer” (Javier Azañón).

Algunos, desde el privilegio de pagar el alquiler y aún ahorrar un poco, entendemos con esta antología que ni las láminas de tarima flotante que pisamos a 6 euros al mes el metro cuadrado son seguras. Que todo es inestable para esta generación de palpitaciones, bruxismo y dormidina.

Que siempre está dejando de llover, pero por suerte la tierra sigue húmeda.

Al final no queda nada:

The End.

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Vivir ahora solo demuestra que somos

máquinas que buscan máquinas

al borde de la extinción.

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Autor: VVAA. Prólogo: Ben Clark. Epílogo: Luna Miguel. Título: Cuando dejó de llover. Editorial: Sloper. Venta: Todostuslibros y Amazon

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