Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Lunes, 24 de agosto de 1936: Entrevista a Francisco Franco
Ese lunes apareció en el diario Extremadura la entrevista hecha a Francisco Franco, general sublevado, por el Diário de Lisboa. En Cáceres, en el palacio de los Golfines, donde tenía su cuartel general, Franco seguía al mando del Ejército del Sur, integrado por legionarios y regulares que tras cruzar el Estrecho habían ido subiendo desde Sevilla y ahora se detenían para represaliar y poner orden en Extremadura.
Ponía de manifiesto la diferencia entre el comportamiento de soldados como los legionarios, que idolatraban, decía, a sus oficiales, por sus cualidades de trabajo y corazón, y los marinos republicanos que traicionaron a los suyos, entregándolos al Gobierno nada más comenzar la sublevación, cuando no los asesinaron ellos mismos. Se notaba que la Marina era la gran decepción del Alzamiento y una de las grandes bazas del Gobierno: a ella estaba reservada la misión de confinar en territorio magrebí al Ejército de África, el más profesional de todos los cuerpos. Plan que había fracasado.
Franco afirmaba que el movimiento que encabezaba daría paso una dictadura militar que entregaría la administración del Estado a técnicos, nunca a políticos. Y subrayaba que su organización sería similar a las de Portugal, Italia y Alemania, como le sugería el periodista: «… pero sin copiarlas. En España los problemas son diferentes. No existe la cuestión racista, como en Alemania, como no existen otras cuestiones que hay en Italia, etc. Nuestro movimiento no se ha hecho de dentro para fuera, sino de fuera para dentro».
Quizá lo que más indignaba a Franco, sin que se preocupase de esconderlo, fuese la acusación republicana de que las tropas de África no eran españolas. Tanto el Tercio como los Regulares eran fuerzas del Estado español, como cualquier otra: «Esto mismo pensó Azaña cuando para combatir el movimiento de agosto, en 1932, dirigido por el ilustre e inolvidable general Sanjurjo, mandó enviar a Sevilla regulares y legionarios». El tono en que aludía a quien debió ser jefe de la sublevación, era elogioso. Las imágenes del entierro de Sanjurjo circulaban por la zona sublevada.
Subrayaba, por último, algo importante para el desarrollo de la guerra, y era que dirigiría el movimiento de las tropas desde su cuartel general en el palacio cacereño de los Golfines. Explicaba un aspecto de su táctica que pronto iba a quedar desmentido: «Como se trata de una lucha entre españoles, deben evitarse grandes choques, como se debe evitar el bombardeo de la capital, donde tantos cientos de miles de personas están de alma y corazón con nuestro movimiento».
Para concluir, reconocía que, en el territorio que controlaban los sublevados, la bandera bicolor ondeaba en todo el norte, y solo excepcionalmente en el sur. En sus conversaciones con el general Mola y otros jefes sublevados, quedó acordado que el movimiento no iría en contra del régimen republicano, sino que miraría solo a «nacionalizarlo», «a conseguir una nación fuerte, progresiva y ordenada». Habiendo problemas más importantes por resolver, la cuestión de la bandera se dejaría para después.
—Cada cual usa la bandera que quiere. Siempre que esta no tenga una significación antiespañola, claro.


Zenda es un territorio de libros y amigos, al que te puedes sumar transitando por la web y con tus comentarios aquí o en el foro. Para participar en esta sección de comentarios es preciso estar registrado. Normas: