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Si mi biblioteca ardiera (I)

Foto de portada: Roberto Bolaño, por Daniel Mordzinski

Si mi biblioteca ardiera esta noche (Edhasa, 2020) es un texto que Aldous Huxley escribió en 1947. “Si a mi biblioteca la destruyeran las llamas… afortunadamente para mí nunca ha sucedido…”. Así comienza este artículo que da título al volumen, en el que habla de los libros que salvaría de esa hipotética quema y explica el porqué.

“En principio me gustaría poseer toda la poesía que valga la pena leer en todos los idiomas de los que tengo un conocimiento básico. Pero como medida de emergencia, en las semanas posteriores a un hipotético incendio, me compraría solo los refuerzos más elementales para mi salud y mi tranquilidad”.

Y empezando con Shakespeare elabora una lista bien documentada en la que estarían Homero, Dante, Yeats, Dickens, Voltaire, D. H. Lawrence, Virginia Woolf

Pero lo que no podía saber el autor de Un mundo feliz es que el 12 de mayo de 1961 —catorce años después— su casa de Los Ángeles se incendiaría destruyendo su biblioteca y una parte importante de cartas y manuscritos.

Yo he recurrido a ocho escritores para que me dijeran qué dos o tres libros, y por qué, salvarían de un imaginario incendio de su biblioteca, que nunca se producirá.

Daniel Mordzinski ha vuelto a poner la imagen, que es también una forma de «salvación».

Les doy las gracias a todos por estar siempre ahí, a pie de libro.

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Marta Robles

El primer libro de mi biblioteca que me haría atravesar las llamas para salvar es Calígula, de Albert Camus. Lo leí por primera vez a los 18 y me hizo comprender que el mal no está fuera de los hombres sino en el interior de cada uno de nosotros y que puede emerger o no, dependiendo de las circunstancias. Creo que por eso escribo género negro.

También salvaría, sin dudar, Rojo y negro, de Stendhal, porque es una historia que navega entre el amor, la ambición y la vanidad y que, de alguna manera, explica el mundo y a todos los hombres a través de esos tres ingredientes.

Y no me iría, aunque me quemase, sin Loss versos del capitán, de Pablo Neruda.

¿No puedo salvar ninguno más? ¿Los ensayos de Montaigne? ¿La colección de Tintín? ¡Déjame que me lleve al menos El mismo cuento distinto / El hombre de la calle de García Márquez / Simenon!

(El último libro de Marta Robles es Pasiones carnales: Los amores de los reyes que cambiaron la Historia de España. Espasa).

Nando López

Odisea, Homero

Aún conservo la edición de Austral que me ha acompañado desde que nuestra profesora de Griego nos contagiara la pasión por los clásicos en 3º de BUP. Incluso guardo entre sus páginas, doblada en cuatro, la fotocopia con el poema de Kavafis que nos dio en clase. Que ahora sea uno de los ejes de mi trilogía La leyenda del Cíclope no es algo casual.

El cuarto de atrás, Carmen Martín Gaite

Mi ejemplar, lleno de subrayados y comentarios, llegó a mí a través de mi madre y su pasión lectora. Por eso, esta novela forma parte de mi bagaje literario y, a la vez, de mi memoria familiar. Un título que no solo es un excepcional testigo de su tiempo, sino también del vínculo mágico que los libros han creado entre mi madre y yo.

Carmen Martín Gaite

Fun Home, Alison Bechdel

Salvar ese ejemplar sería salvar la amistad que lo trajo a mi vida, o el viaje con mi chico para ver su adaptación musical, o la devoción compartida por los autores que habitan esta historia —Camus, Scott Fitzgerald, Nin, Proust, Albee, Wilde, Salinger, Joyce, Colette, Woolf…— en la que sus personajes buscan, en las palabras de otros, la voz propia.

(El último libro de Nando López es Hasta nunca, Peter Pan. Espasa).

Carme Chaparro

1984, George Orwell

¿Quién le iba a decir a Orwell que la pesadilla que imaginó en 1984 no sólo se convertiría en realidad sino que sus propias víctimas serían las que, felices e incluso orgullosas, se lanzarían en brazos de la distopía? Un opresor no puede mantenerse en el poder sin aliados entre los oprimidos, pero el libro de Orwell nos abofetea con algo que va mucho más allá: todos nos hemos convertido en aliados del opresor.

Película «1984»

La gran guerra por la civilización, Robert Fisk

Hay puntos del planeta en permanente tensión geopolítica, lugares en los que el mundo parece estar constantemente jugándose su futuro. En un volumen colosal, Fisk retrata magistralmente las claves del horror y la muerte de un campo de batalla eterno que condensa lo peor y mejor del ser humano. Leer para aprender, invertir en Historia es invertir en futuro, aprender para no repetir, o para mejorar, o para corregir. Sí, claro, ojalá fuera así. Y ojalá salvar este libro de un incendio nos hiciera un poco mejores.

(El último libro de Carme Chaparro es La química del odio. Espasa).

Borja Ortiz de Gondra

Las tragedias de Esquilo, La vida es sueño, de Calderón de la Barca y Guerra y paz, de Tolstói.

En esas obras se encierra todo lo que necesito leer para vivir: las pasiones más oscuras y el amor más puro, la esencia de la justicia y la democracia, la irracionalidad de la guerra y los compromisos de la paz. Bastarían esos libros para rehacer un mundo desaparecido.

Película «Guerra y Paz»

(El último libro de Borja Ortiz de Gondra es Nunca serás un verdadero Gondra. Literatura Random House).

Paloma Bravo

Salvaría los libros que he compartido. Una primerísima edición de Cien años de soledad que, quizá, no devolví a la casa de mis padres. Porque García Márquez inventó un mundo y me gusta tenerlo en su primera versión.

La Obra completa de Chaves Nogales que mi padre tenía firmada por su hija, Pilar Chaves, y su nieto Antony Jones, porque los dos somos de A sangre y fuego y, sobre todo somos de Chaves y su mirada.

Manuel Chaves Nogales.

Y ese dolorosísimo Celia en la revolución, de Elena Fortún, con el que mi madre y yo lloramos recordando a mi abuela, que pasó la guerra enseñando, abriendo ventanas de luz, poesía y esperanza en medio del dolor y del miedo.

(El último libro de Paloma Bravo es Las incorrectas. Espasa).

Daniel Remón

Los detectives salvajes, Roberto Bolaño

“Que es como decir, muchachos, les dije, que veía los esfuerzos y los sueños, todos convertidos en un mismo fracaso, y que ese fracaso se llamaba alegría”. Cuando leí esta frase la copié y me di cuenta de que yo también hacía esfuerzos y tenía sueños y supe por primera vez en mi vida que mi sueño consistía en llamarme a mí mismo, sin mentir, escritor.

Cartas a un joven poeta, de Rainer Maria Rilke

Leo este libro más o menos una vez al año. Tiene eso que tanto cuesta encontrar en literatura, tiene respuestas. No creo que se haya escrito nunca nada tan certero y tan lúcido y tan profundo sobre la vocación artística.

Cómo dejar de escribir, Esther García Llovet

Este libro me abrió las puertas del universo de Esther García Llovet, una escritora que no se parece a nadie. Lo descubrí por casualidad, y desde entonces leo todo lo que escribe. Un Madrid que conozco muy bien, un lenguaje que se exprime y se retuerce, un noir que disfrutamos sobre todo los que no somos fanáticos del noir.

(Daniel Remón acaba de publicar su primera novela, Literatura, en Seix Barral).

Alba Carballal

Salvo Rayuela, porque no está bien deshacerse del primer libro que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio.

Salvo Últimas tardes con Teresa, para no olvidarme de que las aventuras no siempre suceden en islas remotas y tierras lejanas, sino que al otro lado de la verja, a una manzana de casa, también pueden pasar cosas dignas de ser vividas y contadas.

Ángel Alcázar, protagonista de Últimas tardes con Teresa.

Y, por último, salvo El misterio de la cripta embrujada, porque las deudas hay que pagarlas.

(El último libro de Alba Carballal es Tres maneras de inducir un coma. Seix Barral).

Luisgé Martín

Rayuela, de Julio Cortázar. Una edición de bolsillo de Bruguera malísima, de las que hay que leer con cuidado para que no se desencuadernen, pero que llevé a París cuando me entrevisté con Cortázar y que tiene su firma autógrafa.

Los ensayos, de Montaigne, en la edición de Acantilado. Podría comprarlo igual en una librería al terminar el incendio, pero es un libro que paladeo con una cierta continuidad y que constituye, por sí mismo, un tesoro de isla desierta. Es de pasado, de presente y de futuro.

Corazón tan blanco, de Javier Marías. Es la primera edición y es uno de los libros que más me han gustado en mi vida. Lo salvaría por una especie de fetichismo. En contra de la mayoría de los libros de mi biblioteca, que están cuidadísimos, este está bastante deteriorado, porque se lo presté a dos personas especiales a las que he dejado de ver, y es como si en las páginas quedara algún rastro suyo.

(El último libro de Luisgé Martín es Cien noches, Premio Herralde de Novela 2020. Anagrama).

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