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Una historia de Europa (XLVI)

En el último tercio del siglo XIV, los papas regresaron a Roma. Suena raro, pero es que durante sesenta y ocho años, entre 1309 y 1377, los sucesores de Pedro habían ido a instalarse en una ciudad francesa llamada Avignon, o Aviñón. Alemania e Inglaterra andaban en sus cosas, en España seguían escabechándose moros y cristianos, y el reino bizantino resistía como gato panza arriba la presión turca. En ese momento, pese a la prolongada rivalidad con Inglaterra, el reino de Francia era el rien ne va plus del prestigio y la cultura, y sus reyes los más elegantes y pijolines de Occidente. El papa de turno era el arzobispo de Burdeos, que tenía excelentes relaciones con la monarquía de allí. Además, los Estados Pontificios no se bastaban solos para mantener el esfuerzo militar y económico del papado (de los 300.000 florines de oro anuales que ingresaba el papa, sólo la cuarta parte procedían de Italia). Roma era estratégicamente incómoda y desde allí se controlaba mal la vasta estructura de la Iglesia católica, mientras que en Aviñón se estaba más cerca de todo, en especial del flujo de dinero que proporcionaban los conventos, monasterios y obispados repartidos por Europa. Con la llegada de los papas, la ciudad francesa se convirtió en una cosmopolita capital administrativa y financiera con cientos de funcionarios, cardenales, banqueros y embajadores extranjeros. Durante ese período de papas franceses, en la nueva sede pontificia se hizo encaje de bolillos cuidando al mismo tiempo los intereses italianos, el buen rollo con Francia y la relación con el mundo católico en general. Hubo un momento de gran brillantez que el historiador George Holmes calificó de amalgama de poder principesco y autoridad espiritual, con zorros astutos y eficientes como Juan XII y sobre todo con Clemente VI, que fue el más grande de todos ellos: un artista en política internacional y tan grand seigneur que hasta fundó una dinastía, pues años después llegaría al papado Gregorio XI, que era su sobrino (un lindo botón de muestra del nepotismo de los pontífices de aquellos tiempos del cuplé: canónigo a los 11 años y cardenal a los 19). Ese tinglado funcionó durante mucho tiempo, hasta que en Italia empezaron a mosquearse por el descarado chauvinismo de los papas, por tenerlos a ellos tan lejos y a sus recaudadores de impuestos tan cerca. Al final, viendo venir el nublado, Gregorio XI devolvió la sede papal a Roma; pero murió dos años después y se lió la de Dios es Cristo porque, en el cónclave para elegir al nuevo, los cardenales franceses y los italianos se mordían los higadillos. Salió elegido un italiano, pero los otros no lo aceptaron; así que, montando un segundo cónclave por su cuenta, eligieron a un gabacho que hizo de nuevo las maletas para Aviñón. Había ahora dos papas, uno en Italia y otro en Francia. Eso también dividió a los monarcas y príncipes europeos, cada cual barriendo para casa: Inglaterra, Portugal, la Italia central y la del norte apoyaban al papa de Roma, mientras a Castilla y Aragón, Austria, la Italia del sur, Francia, Irlanda y Escocia les caía más simpático el otro. Y cada vez se enredó más la madeja, porque a la muerte del aviñonés se nombró a un sucesor —español, aragonés por más señas, Pedro de Luna— que tampoco aceptaron los otros. Para deshacer el empate, en el año 1409 se nombró a un tercero sobre el que tampoco hubo acuerdo, porque los otros dos dijeron verdes las has segado, colega, éramos pocos y parió la abuela. Europa se vio con tres papas chungos en vez de uno (andaban excomulgándose entre sí como locos) y aquello fue ya la descojonación de Espronceda. Semejante pifostio se llamó Cisma de Occidente y duró cuarenta años, hasta que en 1417 el concilio de Constanza dijo hasta aquí hemos llegado, mandó a los tres papas a hacer puñetas y eligió a uno nuevo, Martín V, para zanjar el asunto. Éste se quedó en Roma, volviendo todo a la normalidad. Y era buen momento porque, en aquel siglo XV que empezaba, Europa iba a conocer los más notables cambios desde la caída del Imperio Romano. Ya en la centuria anterior, tres grandes poetas y humanistas italianos, Dante, Petrarca y Boccaccio, habían devuelto el interés por el mundo clásico griego y latino. En Venecia, un comerciante llamado Marco Polo se había hecho famoso con un libro sobre Asia que era un bestseller mundial. En la ciudad alemana de Maguncia, un impresor llamado Gutenberg estaba a punto de inventar la imprenta moderna de tipos móviles. Y en la próspera Florencia y otras ciudades italianas cuajaba lo que, un siglo más tarde, el escritor, pintor y arquitecto Giorgio Vasari definiría con la hermosa palabra Rinascita: Renacimiento.

[Continuará].

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Publicado el 20 de enero de 2023 en XL Semanal.

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Marlene
Marlene
1 año hace

Mejor, imposible.

Salvador
Salvador
1 año hace

Éramos muchos y parió la abuela

Gabriel Fernández
Gabriel Fernández
1 año hace

Como me gusta la forma en la que usted cuenta la historia. Así tenía que haberla recibido yo en el instituto.

Josey Wales
Josey Wales
1 año hace

El Cisma de Occidente destruyó muchos de los grandes logros del siglo XIII, el siglo de las universidades, de la escolástica y las órdenes mendicantes. A eso se sumaron las tres grandes oleadas de peste del siglo XIV, que dejaron los campos yermos y los monasterios vacíos. En muchos territorios, sólo sobrevivió uno de cada cuatro habitantes, en otros murió la mitad… Eso eran epidemias, ríase usted del chinovirus. Sin embargo, el hombre medieval se levantaba rápido y salía adelante. No se suicidan ni se entregaban a veleidades. Una azada, unas semillas, un par de gallinas, un trozo de pan duro, una espada por si acaso, un avemaría y al tajo, que hace frío.

Ricarrob
Ricarrob
1 año hace

Como muchos bestseller pretendidamente autobiográficos y hagiográficos (en vulgar romance (vulgar, que no viene de vulgo sino de polis o política; en todo caso viene de bulbo): autobombo y platillo) de hoy día (leáse por ejemplo, «Manual de supervivencia»; mejor, no se lea o tendràn un seguro dolor de cabeza y de higadillos), el libro de Licor del Polo (digo licor por que tuvo que estar colocadísimo) era un auténtico bluff. Lo que relata es totálmente inventado y puede que el buen señor ni siquiera se movió más allá del Mediterráneo. Un perfecto libro de fantasía que fue libro de cabecera de Colón, curiosamente. De una barbaridad inventada se consiguió toda una hazaña. Ahí tenemos, decenios más tarde, al pobre Colón buscando hombres con un solo pie y sin cabeza por toda América. Por cierto, hombres y mujeres sin cabeza encontraría hoy el Polo en el marco de la política española.

Tema aparte es el excelso Dante, genio de las letras europeas por mucho que estén en contra los adláteres del eurocentrismo. Su genial paso de visita por el infierno haciendo coincidir en él, condenados para toda la eternidad, a todo bicho político, es universalnente genial. Hoy en día, Dante, pondría en el infierno y en las condenas más duras, a todo el ministerio de desigualdad al completo. Y no solo a ellas.

Bueno, ya me he despachado por hoy…

María López-Herranz
1 año hace

Leerle es siempre un lujo. Gracias.

JoseMart25321177
JoseMart25321177
1 año hace

Del cisma de occidente el que que me caía mas simpático era el Papa Luna (Benedicto XIII), que bno abdicó se en capsuló en Pañiscola y murió como Papa pese a todos

Ricarrob
Ricarrob
1 año hace
Responder a  JoseMart25321177

Lo de atrincherarse en el cargo parece que es idiosincrasia nacional… Aquí no dimite ni el Papa.

pedro
pedro
1 año hace

Los tiempos siempre vienen marcados por cambio y crisis .En lo aleatorio del tiempo se perciben las crisis ,perdidas transformadas en cambio .Si todo empieza por un nombre lo da la cosa y por inercia son historia de cambio y tiempo .
Al cisma la luna q no había nada más lejano q,por haber habido volvió a ser cosa prendida en un aluvión de la cosa renacer y volver al mundo q ,había sido hasta desierto vuelve la historia ,edades y cambios ,navegación
Después de trifulcas y maravedíes ,

pedro
pedro
1 año hace

El alma dispersa ,fue una apreciación a la obra de Baroja ,por extensa y lo variado de sus personajes q más fuero aventurados .

El libro de Marco Polo es aventurado habla de un mundo para nosotros imposible por creíble ,atravesar desiertos ,el Govi etc nos resulta tan lejano e inexistente por deparar que la brújula nos pierde ,Asia Oriente existían nuestra vocación antropocentrismo del hombre a q fuera una vuelta del olvido ,renacimiento .El engaño de un chino la ficción de algo real nos lleva a Venecia algo complejo lleno de canales sin firme

pedro
pedro
1 año hace

La datación es para el. ser humano un hecho punible en la historia al igual q el esfuerzo para la técnica,si inteligencia fue un reducto monástico de orden y retiro .fue apagarse la luz de Constantinopla y Justinianeo un volver a girar sobre ideas físicas de un universo olvidado de la q no cabía recordar distancias técnicas mayores q aquel mundo extinto y paulatino en su copia y ejemplo sin mar ni distancias mayores

pedro
pedro
1 año hace

De una comunión de ideas ,a la Venecia dio a Florecer

pedro
pedro
1 año hace

Tengo una historia bella ,mi vecina ya mayor me contó su juventud en un cine ambulante ,entre ciudades del desierto ,aquello me recordó los tuarescon sus vestimentas azules q sentados cubrían todo su faz de la tierra en un azul elegante ,intenso .
Viajaban de ciudad en ciudad proyectando películas ,mostrando un mundo complejo aquello q el desierto no deja ver ,blanco ,negro ,el color y la risa de ojos mirada atenta de nadas ocultas