—Algún día iré a Zenda —dije.
—Está usted loco.
Anthony Hope
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Callejón de los piratas

El espía que mamó

Disimulen, pero sí. Mamar, como suena. En sus dos acepciones: aprender algo a tierna edad y emborracharse. Ambas las reunió Ian Fleming, genial embustero,...

Rama lama dingdong

Era peón fontanero y se llamaba Cirilo. Dos premisas adversas para influir en el pensamiento occidental. El propio Cyril Henry Hoskins se percató de...

Morir con las mallas puestas

Hans Graf Dietrich von Hülsen-Haeseler reunía en sus apellidos tanta alcurnia como esdrújulas. Su padre fue el general Hermann Alexander Hans Kasimir Botho von...

Una chica del ala

Lillian Boyer siempre aferró la vida con uñas y dientes. Más dientes que uñas, en su caso. La llamaban la Diablesa del Aire y...

Mangantes de ordenanza

Wilhelm Voigt era una verdadera joyita. En febrero de 1906, lo largan de prisión. Tiene cuarenta y cuatro otoños, aparenta diez inviernos más, y...

Proxenetismos de estado

Ahora, mientras llueven papeles de Panamá sobre tanto prohombre, y mientras tanta protomujer anda encenegada en fango hasta las trancas; me infla los compañones...