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Una historia de Europa (LXV)

Elizabeth Tudor, o sea Isabel I, alias la Reina Virgen (no se tomen ustedes muy en serio el epíteto), fue la señora más interesante del siglo XVI, como Isabel de Castilla lo había sido del XV. Llegó aquella guiri (pelirroja era, la muchacha) a reinar un poco por casualidad, porque era hija de Enrique VIII, el decapitador de esposas, hermana del rey Eduardo VI, muerto a los 15 años, y hermanastra de María Tudor, la reina católica que se había ganado el apodo de María la Sanguinaria y el odio ciudadano por su feroz represión de la religión anglicana (Bloody Mary, de ahí viene el nombre del cóctel). Pero el caso es que reinó al fin, y nada menos que durante 45 tacos de almanaque (1558-1603) en los que, además de convertir de nuevo a Inglaterra en gran potencia, hizo minuciosamente la puñeta al español Felipe II y sus dominios imperiales, para quien se convirtió en un grano allí donde la espalda pierde su honesto nombre. Y encima, para más recochineo, reinó sobre una nación próspera, de una razonable educación dentro de lo que cabe en esa época, que vivió un siglo de oro cultural bajo la sombra benéfica del dramaturgo William Shakespeare, al que los escolares británicos siguen hoy estudiando (a diferencia de España, donde a su coetáneo Cervantes, el otro gran genio de su tiempo, se le oculta y se le olvida). En realidad, todo el prestigio de la monarquía inglesa a partir de Isabel I se acabó basando en su hostilidad, primero disimulada y luego abierta, hacia el enorme imperio español de entonces. Fría, dura, cabrona, cruel cuando convenía, hizo cuanto pudo por ayudar a los protestantes europeos en su lucha contra España, porque así minaba el enorme poder de ésta; y lo hizo con sagacidad, eficacia y una absoluta falta de escrúpulos (la misma con que hizo ejecutar a su prisionera María Estuardo, desventurada reina de Escocia), potenciando con suma inteligencia y pulso firme la navegación, el comercio y la creación de un imperio colonial propio. El obstáculo natural para todo eso era España, que con un territorio tan extenso, ocupada en el Mediterráneo con los turcos, en Europa con el berenjenal de Flandes, con América al otro lado del Atlántico y con el Pacífico en el quinto carajo, no tenía arroz para tanto pollo. Así que a finales del siglo XVI empezó la guerra de verdad, ya sin disimulo. Las dos circunnavegaciones del mundo hechas por Francis Drake constituyeron, según el historiador John Elliott, una prueba de que el imperio español no estaba a prueba de corsarios. Y realmente no lo estaba. En 1584, otro marino y pirata, Walter Raleigh, fundó en América la primera colonia inglesa. Y en los años siguientes, con el apoyo de Isabel I, que también era mujer de negocios y trincaba de los beneficios, Drake (héroe nacional para los ingleses, para los españoles un hijo de la gran puta) atacó los puertos de Vigo, Cádiz y Santiago de Cuba, inaugurando así dos largos siglos de piratería oficial británica (y holandesa, de rebote) a costa del imperio español. Al fin, harto de agacharse a coger el jabón en la ducha, Felipe II decidió que aquello sólo se arreglaba coordinando una invasión de Inglaterra con levantamientos católicos en Irlanda y Escocia, y se puso a ello: 65 navíos, 11.000 tripulantes, 19.000 soldados; la Armada mal llamada (por los ingleses, en plan de cachondeo) Invencible. Pero todo se fue al diablo para España, porque el asunto estuvo mal concebido y pésimamente ejecutado; y el mal tiempo, con temporales y tal, acabó dando la puntilla. Aquel desastre dejó a los de aquí cortos de barcos y tripulantes cualificados; aunque, como Felipe estaba podrido de pasta con el oro y la plata americanos, la recuperación fue rápida y las consecuencias materiales no llegaron a ser demasiado graves. El daño fue, sobre todo, político y psicológico, pues el prestigio de España en el mar quedó por los suelos y el de Inglaterra se puso por las nubes, hasta el punto de que Isabel I, aplaudida por los enemigos del imperio hispano, que eran casi todos, goteaba agua de limón. Todo se resume en la carta que el francés La Noue escribió a su amigo inglés Walsingham: Los españoles querían apoderarse de Flandes a través de Inglaterra, y ahora os corresponde a vosotros apoderaros de España a través de América. Al salvaros vosotros nos salvaréis a los demás. Y hasta el papa Sixto V, que aprobaba de boquilla el afán español por restaurar el catolicismo en Inglaterra y Europa, se alegró en privado de que a Felipe II le rompieran los cuernos. No lo tragaba, el pontífice, angustiado por la idea de que se mantuviera como líder todopoderoso de la cristiandad. Así que, al enterarse del fracaso de la Armada, Su Santidad aplaudió hasta con las orejas.

[Continuará].

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Publicado el 13 de octubre de 2023 en XL Semanal.

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Basurillas
Basurillas
8 meses hace

Parece casi irónico que, ahora mismo, aunque sea porque nos ha tocado por turno, España sea de nuevo cabeza de Europa; una Europa donde también, nuevamente, los británicos siguen a su aire, apoyados eso sí, por sus primos americanos.
Y siguen jorobando a España con la leyenda negra (aunque los que diezmaron, hasta la práctica aniquilación, a los nativos americanos fueron ellos) con su idioma dominante que cada uno pronuncia como le da la gana, con sus colonias (territoriales o paraísos fiscales) Gibraltar sin ir más lejos como ejemplo, que compiten deslealmente, y con sus formas tan taimadas y aburridas de entender el mundo y la vida. Y siguen venciendo. Ynosotros, divididos, aceptándolo sumisos en lugar de explicar y clamar a los cuatro vientos por la verdad histórica y ensalzando nuestras multiples virtudes. Pero no parece que sepamos hacerlo o no con la necesaria contundencia. Necesitamos urgentemente una generación de Blases de Lezos que ponga de una vez por todas a estos bellacos piratas en su sitio.

David Sepúlveda Pérez
David Sepúlveda Pérez
8 meses hace
Responder a  Basurillas

A juzgar como le fue a Spinola…

Julia
Julia
8 meses hace

Como no tengo nada que añadir al artículo, voy a comentar el vídeo del 50 Aniversario de Alfaguara.

Qué extraordinario espectáculo!!!
No lo había visto, y aunque han pasado nueve años, continúa siendo tan excepcional como el primer día.

Tres brillantes académicos de la RAE, famosos y populares conversando sobre los comienzos y trayectoria en la difícil carrera como escritores. Venganzas, influencia y desilusión de otros autores, placer proporcionado por los libros y anécdotas. Todo ello, con sentido del humor y expresado en un perfecto idioma español.

Mi percepción como espectadora:

Pérez Reverte, vital, dueño del escenario, mostrando su complicidad con J.Marías. Anécdota sorprendente con Saramago

Vargas Llosa, todavía reciente su Nobel, disimulando con humor la contrariedad de la vejez. Graciosa anécdota con el fan de García Márquez.

Javier Marías, miedoso, inseguro. La anécdota de su visita, siendo niño, a Azorín y la impresión de la cama desecha narrada con humor, me produjo mucha ternura.

Como espíritu libre, soy poco influenciable, pero habría elegido a Shakespeare igual que J. Marías.
Sus obras tratan del amor, celos, traición, vida y muerte etc… Son intemporales.

Ricarrob
Ricarrob
8 meses hace

Su Santidad. Si. La suya, claro. El «su» es correcto. El máximo cura del Vaticano (léase Estados Pontificios antes de Mussolini), siempre ha sido un cargo político, con poder material, con poder real y de este mundo. El Sixto, como el de ahora el Paquito (ese si, el cura de Podemos y de Sumar), antiespañoles hasta las trancas. El Paquito, cada vez que quieren humillar a España, también aplaude hasta las orejas. ¡No sé que le hemos hecho!

Respecto al Felipe, el que se recuperó fue él (le sobraba hasta para construirse un casoplón en la sierra). El resto del país, el pueblo llano, a verlas venir y de plata nada. Durante su reinado se sucedieron las quiebras y el impago de la deuda pública (vamos, que esto no fue superado hasta el XXI por Zapatero). El Imperio estaba minado hasta sus cimientos. Porque la plata no es nada sin comercio, industria y agricultura florecientes. Y todo esto iba cada vez a menos por desatención política. Y si no que se lo digan a los holandeses y a los venecianos. Más nos hubiera valido menos imperio y más comercio.

La pobreza, la decadencia y la imprescindible picaresca del XVII se fueron gestando por Felipe el segundo. Funesto, santurrión y rijoso, no sabía ni resolver sus problemas políticos locales como los de Antonio Pérez, gran error monárqico que sirvió en bandeja a ingleses y franceses el combustible para la leyenda negra. Política, sexo, asesinato y cintas de vídeo. ¡Que me cuenten que este fue un rey sabio! ¡Por las gónadas!

Lo que es tener unos dirigentes cabronazos pero sabios a tenerlos cabronazos y estúpidos. ¡Qué diferencia! Porque el orden de los factores, en este caso, si altera el producto. España primero creó o se encontró con el imperio y luego… a intentar crear una armada necesaria (cosa que nunca se consiguió incluso a pesar del loable empeño del Marqués de la Ensenada). Los ingleses, primero crearon la armada, potentísima y muy bien organizada, y luego fueron creando el imperio con la fortísima base de su armada. Saber hacer las cosas.

Pero no hay que lamentarse, hay que rectificar. España siempre pensando melancólicamente en el fin de su Imperio e Inglaterra, ahí los tienes, más chula que un ocho y sin imperio y sin Europa.

Francisco Brun
8 meses hace

Siempre que leo estos interesantes y amenos capítulos de historia del señor Pérez Reverte, no puedo dejar de imaginar cómo era la vida de aquellas mujeres y hombres que nos precedieron; sus sueños, sus desventuras; en donde la muerte estaba a la vuelta de la esquina…o del palacio, por miles de causas que hoy serían factibles de solucionar, como la gangrena por una herida, las pestes, o las guerras. Solo estas últimas parecieran ser por los mismos motivos, que siempre son injustificables.
También el mundo de las artes, en donde, un artista era conocido y reconocido sólo si su obra conseguía emocionar a tal punto a su espectador, que lo convertía en su único promotor en el mundo, yo diría aún pequeño, trasladando la noticia de boca en boca y llevándola de un pueblo a otro por caminos polvorientos. Imagino la consolidación de las salas de teatro y su impacto, sin los medios actuales, como por ejemplo los amplificadores de sonidos, la iluminación etc. (solo la acústica del lugar era imprescindible).

Transcribo del sitio Wikipedia:

«The Theatre (simplemente, El Teatro) era un teatro isabelino ubicado en Shoreditch (parte del moderno barrio londinense de Hackney), justo en las afueras de la City de Londres. Construido por el actor y mánager James Burbage cerca de la casa familiar, en la calle Holywell, The Theatre está considerado el primer teatro construido en Londres con la única finalidad de representar producciones teatrales. La historia de The Theatre incluye un número de importantes grupos de actores, como la compañía Lord Chamberlain’s Men que empleó a Shakespeare como actor y dramaturgo. Después de una disputa con el casero, el teatro fue desmantelado y la madera usada para la construcción del Globe Theatre en Bankside».

Y qué decir de aquellas travesías marítimas en esas cáscaras de nueces, dirigidas por el coraje de aquellos marinos enfrentando tempestades, y guiándose sólo por las estrellas.
Por último digo, que aquellas miles de mujeres y hombres con sus aciertos, desaciertos, virtudes y miserias, fueron los fundadores indispensables de nuestro complejo, dramático, y muchas veces impredecible mundo actual. Sus decisiones, sus descubrimientos, sus invenciones, acertadas o no; indicaron el camino que nos llevó hasta aquí.
Me podrán decir que no existen hoy muchas cosas para sentirnos gratificados, por ejemplo cuando observamos las noticias; no obstante, todos debemos de coincidir en que esto a lo que denominamos civilización, no deja de ser un misterio apasionante y obviamente digno de investigación y estudio.

Cordial saludo

Olga
Olga
8 meses hace

Por favor…maestro…¿Cuándo publicarás Una historia de Europa como Una Historia de España?