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Una historia de Europa (LXXXI)

Después de dar matarile al rey y la reina (1793) los revolucionarios franceses se lanzaron a un ajuste de cuentas interno que fue conocido (háganse idea del asunto) como el Terror. Se decretó la movilización masiva para defenderse de las potencias extranjeras que, temiendo el contagio, no paraban de tocarle a Francia el trigémino; se decretó el francés como idioma obligatorio y la tricolor como bandera; se decretó que la libertad de todo individuo quedaba subordinada a las obligaciones respecto a la colectividad nacional, y también fue adelante la siniestra Ley de Sospechosos, que permitía detener a cualquiera por la cara, sin razón concreta alguna; con lo que entre aristócratas, contrarrevolucionarios y pringados que pasaban por allí, las prisiones colgaron en la puerta el cartel no hay billetes y la guillotina echaba humo de tanto sube y baja. El papel de la Declaración de Derechos del Hombre acabó sirviendo para lo que en ese momento servía el papel. Además, por eso de que la Revolución, como Saturno y como los hámster a los que se les va la olla, siempre acaba devorando a sus hijos, la enemistad política entre girondinos (partido que tendía a lo federal y debilitaba el poder central) y montañeses (radicales centralistas, jacobinos como Dios manda) se acabó resolviendo con la victoria de estos últimos, que para evitar futuros problemas guillotinaron a sus adversarios, y aquí paz y después gloria. Lo de la paz, sin embargo, fue sólo un refrán, porque de eso precisamente no hubo. De una parte, la represión contra los ciudadanos, ciudades y regiones recalcitrantes fue bestial, incluida una larga y feroz guerra civil surgida en la Vendée, al noroeste de Francia (con mucho aristócrata local y mucho fanatismo religioso de por medio), que los revolucionarios combatieron sin contemplaciones. De la otra, el llamado Comité de Salvación Pública (delicioso eufemismo) procuró hacer picadillo toda oposición política que colease todavía, incluida la de los propios colegas; y eso no se limitó a París, pues también en provincias hubo candela (en Lyon, los rebeldes fueron masacrados a cañonazos o ahogados en el río). Sobre aquel desparrame emergió la poderosa y despiadada figura de Maximiliano Robespierre, alias el Incorruptible; que, como suele ocurrir en casos de incorruptibilidad, resultó ser un hijo de puta con balcones a la calle. El pavo se deshizo o procuró hacerlo, vía guillotina, tanto de la oposición como de los colegas que le estorbaban (el enérgico Dantón, mi favorito de esa época, también acabó en el cadalso) e instauró una dictadura de agárrate y no te menees (supresión de las últimas garantías jurídicas que quedaban y condenas a muerte contra todo quisque) que se hizo insoportable, imaginen el ambiente, hasta para los mismos revolucionarios; hasta que éstos, o más bien los que quedaban vivos a esas alturas, que ya estaban del incorruptible y sus métodos hasta los cojones, le jugaron la de Fu-Manchú, léase la del chino, dándole una especie de golpe de estado interno. Y ya avanzado 1794, para alivio de Francia entera y solaz de la humanidad en general, al sanguinario Robespierre y a sus más cercanos compadres (donde las dan, las toman) les pusieron el cuello pecador bajo la misma guillotina que con tanta alegría habían estado cebando durante el último año y medio (sobre esto hay muchos libros y novelas interesantes, pero siempre recomiendo mi favorito, la monumental Historia de la Revolución Francesa de Jules Michelet, que Blasco Ibáñez tradujo al español). El caso es que, desaparecidos Robespierre y su cuadrilla, acabado el Terror, Francia entró en un período más sosegado al que llamaron Termidor: cinco años que podríamos calificar de república burguesa, donde los revolucionarios intentaron consolidar lo conseguido y adoptaron una nueva Constitución más clase media, más democrática, más así, basada en una estricta separación de poderes, por si las moscas. Tampoco la guerra defensiva y luego ofensiva contra las potencias extranjeras iba mal. Las cosas, sin embargo, no eran fáciles. El nuevo régimen (llamado Directorio), que se pretendía moderado entre tirios y troyanos, no logró imponerse frente a los extremos realistas o conservadores de una parte y revolucionarios de otra. Y como guinda del pastel, la corrupción a todos los niveles, incluido el político, fue estremecedora. En ésas andaba la atormentada república gabacha cuando hizo su entrada en escena un personaje que iba a cambiar la historia de Francia, de Europa y del mundo; o sea, un oscuro capitán de artillería nacido en Córcega, bajito, ambicioso, más listo que los ratones colorados. Y ese capitán, lo han adivinado ustedes, se llamaba Napoleón Bonaparte.

[Continuará].

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Publicado el 31 de mayo de 2024 en XL Semanal.

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Ricarrob
Ricarrob
13 ddís hace

Jacobinos, incorruptibles. Lo uno o lo otro o lo uno y lo otro. Porque casi nunca se suele dar lo uno sin lo otro. De la mano.

Y la humanidad debería estar ya harta de lo otro y de lo uno. Pero no. Les siguen votando. Hoy, la guillotina social y política sigue funcionando, ya que estaría mal visto, aunque ganas no les falta, que funcionara la guillotina física. Hoy, vemos que colocan las cabezas, en esta guillotina virtual y virtuosa, a jueces y opositores a críticos y a periodistas. Montesquieu es el primero que, una vez muerto, hace bastante, pasa por el afeitado al seco.

Excelente artículo, don Arturo. Excelentes frases, muy sugestivas entre las que destaco esa especialmente sugerente de: «… como suele ocurrir en casos de incorruptibilidad… … … con balcones a la calle». Sin más palabras ya que estas lo dicen todo. Siempre, en sus escritos, existe un gancho o varios que conectan con lo presente. No sé si estos ganchos de sus escritos son premeditados y planificados, son producto de su inconsciente o son totalmente azarosos. Yo me inclino por lo primero.

Jacobinos, incorruptibles… Una vez más, la historia se repite…

Saludos.

Basurillas
Basurillas
13 ddís hace
Responder a  Ricarrob

Es cierto, querido amigo señor Recarrob, siempre cabe -o a mi me lo parece- extrapolar la historia asi narrada como lo hace don Arturo a la actualidad. Tal vez por esa obviedad que siempre se dice: la historia se repite. Y se repite normalmente para mal, con más víctimas, con crisis económicas más salvajes, con ricos cada vez más ricos y pobres cada vez en mayor número destruyéndose la previa clase media y sus conquistas; y siempre con políticos cada vez más falsos, fatuos y pendientes de sus intereses personales. Pero como la zafiedad y la bazofia está bastante extendida en toda la clase política casi da lo mismo votar a unos u a otros salvo en concretas cuestiones. La historia como premonición y como desencanto. Lo que se agradece de Reverte es esa chispa graciosa o sarcástica en la forma de contarse. Más fácil de deglutir y de soportar sin faltar a verdad…

Javier
Javier
7 ddís hace
Responder a  Ricarrob

la corrupcion es intrinseca al ser humano en todos los estamentos. Tambien en la adjudicatura, aunque solo se vea «por la puerta de atras»

Basurillas
Basurillas
13 ddís hace

Suele ocurrir, en especial en las revoluciones, que te pasas acelerando y te pasas de frenada. Y la francesa no fue una excepción. Había tanta rabia y tantos defectos y desigualdades que purgar en el llamado Antiguo Régimen que se arrasó con todo, por arriba y por abajo de los límites obvios; y las cabezas rodaron por el patíbulo gillotinesco con generosa fruicción. Paradojicamente el impulsor del sistema, el doctor José Ignacio Guillotín, era contrario a la pena de muerte pero propuso el sistema a la Asamblea como medio menos brutal y más humanitario de ajusticiamiento. Juramento hipocrático en su estado puro…
Y así llegamos al punto culminante en que los ajusticiadores se convirtieron en ajusticiados, y los que quedaron pensaron que ya estaba bien de regar con tanta sangre el suelo francés y era necesario recomponer la situación, pues la «fraternité» postulada por la revolución se iba a quedar sin sujetos en la que aplicarse. Vamos, que los excesos tarde o temprano se pagan, en especial cuando los otros países te ven como un monstruo que se come a sus propios hijos y piensan en intervenir militarmente para evitar que cunda el ejemplo en sus territorios. Y ahí se paró la sangre, cuando los futuros Carrefour, Alcampo, Decathlon y Leroy Merlin, entre otros muchos, comprobaron que la burguesía iba a perder su sabroso futuro. Todo por «le grandeur».

ricarrob
ricarrob
13 ddís hace
Responder a  Basurillas

Como siempre, lleva usted razón, Sr. B. Pero, por desgracia, los excesos nunca son suficientes. Se pasó de regar de sangre el suelo francés a regar, de ese mismo fluido corporal e imprescindible para la vida, toda Europa y más. De sangre francesa (sembraron de cadáveres franceses desde Cádiz hasta Moscú), y de sangre de todos los rincones de este infausto continente. ¡Que nos lo digan a nosotros!

Y, efectivamente, gracias a la revolución o no, gracias a la sangre derramada o no, gracias a la guillotina o no, gracias al enano cabrón o no, los sans-culotte pasaron de comer poco y mal a convertirse en paradigmas del consumo masivo llenando los hipermercados, a cantar la marsellesa en los partidos de futbol y a intervenir, ridículamente, su Presidente de la República para que no fichase el Real Madrid a Mbappé (o como se diga). La grandeur… … …

Un abrazo.

Julia
Julia
13 ddís hace

Sr Pérez Reverte, al principio no le prestaba mucha atención a sus historias de la Historia, pero acabé reconociendo que además de divertidas hacen recordar un poquito lo estudiado en aquellos tiempos.
En mi época se estudiaba la Historia y la Geografía de España, pero también la Mundial.

La Prehistoria y la Edad Antigua fueron las que quedaron más grabadas en nuestras mentes, porque en cada curso comenzaban por ahí y son las que más me gustan.

Después todo lo que pasaba en Europa y América, excepto la Guerra Civil española que no se tocaba, sólo aquello de (más o menos)’ vencido el ejército rojo, la guerra ha terminado. Francisco Franco’.

Igual que la Geografía, hice unos esmerados mapas de todo el mundo mundial, con ríos, montañas y ciudades a color difuminado. Realmente estudiábamos mucho y sabíamos también, aunque la mayoría se haya olvidado o ya no existan como los países africanos o la URSS.

Algunos se meten con usted y lo que cuenta de la Historia injustamente, nunca se ha erigido como historiador, pero creo que la gente no usa mucho el diccionario de la RAE y desconoce el significado de las palabras .
Yo, seguiré leyendo lo que escribe.

Asurnarsipal
Asurnarsipal
13 ddís hace

¿Pero no habíamos quedado que Napoleón no era bajito?

Gabriel Fernández
Gabriel Fernández
13 ddís hace

La historia nunca ha sido mi fuerte, quizás explicada así me hubiera entrado en la mollera. ¡Lo que se aprende con usted!

Andarin
Andarin
13 ddís hace

Que sepan que los modernos «sans culottes» ya pululan por nuestras ciudades en gran cantidad desplazándose en patín eléctrico y en bicicletas con bolsas de mensajería a la espalda (para caballo, entiéndase coche, no llega). Y quizás también el futuro Robespierre esté ya haciendo méritos en las juventudes de algún partido político esperando una excusa, una oportunidad para movilizar su rabia y cargarse a los adversarios políticos, a los jueces, a los periodistas, quien haga falta, siempre por la causa, por su causa.
¡Salud para todos!

Cris
Cris
11 ddís hace
Responder a  Andarin

Ya ha habido alguno, pero todavía no es el Mesías, se queda en Juan el Bautista. Permanezcan atentos a sus pantallas

Monica
Monica
13 ddís hace

Como siempre, me impacta su forma de escribir… de a poco voy conociendo sus diferentes libros, artículos y reportajes y me parecen fascinantes.. invitan a la investigación! Gracias

Raoul
Raoul
13 ddís hace

Sobre el período histórico que tan bien describe Pérez-Reverte en esta entrega, son muy recomendables la inolvidable novela Los dioses tienen sed, de Anatole France, y la magnífica película Danton, de Andrzej Wajda (protagonizada, eso sí, por el mamarracho de Gérard Depardieu, que en cualquier caso hay que reconocer que logra una de sus mejores interpretaciones).

Franz. J.
Franz. J.
12 ddís hace

Es curioso como el rey francés fué guillotinado aún cuando no había traicionado a su reino. Carlos IV, sin carisma alguno, y su ministro Godoy, un grandísimo traidor, se bajaron los pantalones ante Napoleón y sin embargo no fueron ejecutados. Su hijo de la gran… fernandito VII no solo volvió sino que además se cargó por las bravas la Constitución de Cádiz y persiguió a sus legítimos defensores que pelearon por echar al enano corso a patadas. Esa es la triste Historia contradictoria en nuestro país.

Francisco Brun
11 ddís hace

Con la simple intención de poner en discusión el impacto que tendrá en nuestro mundo actual, la inteligencia artificial; le he realizado a la misma, dos preguntas con respecto a este tema de la Revolución Francesa, y esto es lo que me ha respondido:

¿Cuál fue la principal figura de la revolución francesa de 1789?
Determinar una única figura principal para la Revolución Francesa en 1789 es complejo, ya que este fue un período de gran convulsión social y política con múltiples actores relevantes. Sin embargo, podemos destacar algunas figuras que tuvieron un papel preponderante en ese momento:
Luis XVI: Rey de Francia en ese entonces, representaba el Antiguo Régimen y el sistema absolutista que la población buscaba derrocar. Su indecisión y falta de liderazgo lo convirtieron en un blanco de críticas y lo llevaron a ser depuesto y ejecutado en 1793.
María Antonieta: Esposa de Luis XVI, era vista como un símbolo de la opulencia y el despilfarro de la monarquía. Su origen austriaco y su supuesta intromisión en asuntos políticos la hicieron impopular entre el pueblo. Fue acusada de traición y guillotinada en 1793.
Mirabeau: Político liberal y orador destacado, fue una de las voces más influyentes en la Asamblea Nacional. Defendió la libertad individual y la separación de poderes, pero falleció en 1791 antes de ver consolidadas sus ideas.
Georges-Jacques Danton: Líder revolucionario radical, jugó un papel crucial en la toma de la Bastilla y el derrocamiento de la monarquía. Abogó por la república y la defensa de la Revolución, pero fue víctima del Terror Robespierrista y ejecutado en 1794.
Maximilien Robespierre: Abogado y político jacobino, se convirtió en la figura central del Terror Robespierrista, período de represión extrema durante la Revolución. Impulsó la ejecución de miles de personas en nombre de la defensa de la república, pero finalmente fue guillotinado en 1794.
Es importante mencionar que estas son solo algunas de las figuras importantes de la Revolución Francesa en 1785. La complejidad del período y la participación de diversos grupos sociales hacen que sea difícil destacar a un solo individuo como el protagonista absoluto.
Para comprender mejor la Revolución Francesa y el papel de cada figura, te recomiendo consultar fuentes históricas confiables y realizar una investigación más profunda.
¿Hubiera continuado la monarquía en francia si no se hubiera desatado la revolución francesa de 1789?
Determinar con total seguridad si la monarquía hubiera continuado en Francia en ausencia de la Revolución Francesa de 1789 es una tarea compleja que implica analizar una serie de factores hipotéticos y contrafactuales.
Sin embargo, podemos explorar algunas posibilidades basándonos en el contexto histórico y las condiciones previas a la revolución:
Factores que podrían haber favorecido la continuidad de la monarquía:
Reformas graduales: Si la monarquía hubiera implementado reformas políticas y sociales de manera gradual para abordar el descontento popular, es posible que se hubiera aliviado la presión revolucionaria.
Monarca más conciliador: Un rey con mayor disposición al diálogo y las concesiones podría haber logrado calmar los ánimos y evitar el estallido de una revolución.
Apoyo de la nobleza y el clero: Si estos estamentos privilegiados hubieran cedido parte de sus privilegios y apoyado algunas reformas, la monarquía podría haber encontrado mayor estabilidad.
Factores que podrían haber impulsado la revolución:
Crisis económica: La profunda crisis financiera que enfrentaba Francia era un caldo de cultivo para el descontento popular y la inestabilidad política.
Desigualdad social: La enorme brecha entre la élite privilegiada y el pueblo llano generaba un resentimiento social que podría haber estallado en cualquier momento.
Ideas ilustradas: La difusión de las ideas de la Ilustración, que defendían la libertad, la igualdad y la soberanía popular, inspiraba a muchos a cuestionar el absolutismo monárquico.
En definitiva, es imposible saber con certeza si la monarquía hubiera sobrevivido en Francia sin la Revolución de 1789. Se trata de un ejercicio de historia contrafactual que depende de múltiples variables hipotéticas.
Lo que sí podemos afirmar es que la monarquía francesa se encontraba en una situación crítica a finales del siglo XVIII. Las tensiones sociales, económicas y políticas eran cada vez más intensas, y la posibilidad de una revolución era latente.
Para profundizar en este tema, te recomiendo consultar fuentes especializadas en la historia de la Revolución Francesa. Algunos recursos útiles podrían ser:
Cordial saludo

Juan Manuel
Juan Manuel
10 ddís hace

Antonio García Trevijano tiene un libro muy interesante sobre el tema «Sentido de la Revolución Francesa». Fue un fracaso y eso explica la situación de la Europa actual.

Jose
Jose
10 ddís hace

Don Arturo, la Vendée no esté al noroeste de Francia, está EN el noroeste de Francia.