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Una historia de Europa (CXXIII)

No podemos acercarnos al final de esta larga historia sin detenernos en un período que simbolizó, mejor que muchas otras cosas, el final de los más felices (para los que estaban arriba) siglos europeos. La cosa vino anticipada por una foto tomada durante la guerra mundial, cuando la caída de Singapur, en la que unos japos bajitos y con mala leche conducían prisioneros a unos arrogantes oficiales del todavía llamado Imperio Británico. Como un prólogo irónico, aquello anunciaba lo que vendría en la postguerra: el final del mundo colonial que durante el siglo XIX y principio del XX había enriquecido a Europa, pues las potencias continentales se vieron obligadas a despedirse de sus posesiones en África, Asia y el Caribe. No fue un acto de cesión generosa, sino que se fueron pirando a hostia limpia, con guerras de alta y baja intensidad y pajarracas políticas y sociales. Tras el desgaste bélico de la Segunda Guerra Mundial no estaba el horno para bollos: Gran Bretaña, Francia (Alemania había perdido sus colonias cuando la derrota de 1918), Holanda, Bélgica, Portugal y España estaban tiesas de recursos militares y políticos para mantener el tinglado ultramarino. Y para más delito, en las colonias aparecía gente díscola, élites locales que habían estudiado en la metrópoli (conocían bien el paño) y reclamaban lo que se suele reclamar: derechos políticos e independencia. Y además, claro, que la pasta que se llevaban los colonos explotando las materias primas se quedara en el país, en algunos casos, y en sus cuentas corrientes privadas, en otros. Muchos nuevos países cambiaron así la vieja clase colonial explotadora por una nueva clase nacional que los explotaba lo mismo; y no pocos, independientes y tal, fueron a peor, cayendo en manos de golfos y dictadores de variado tonelaje. Pero así son las cosas de la vida: cambalache, como dice el tango. Lo que interesa es señalar que en esos procesos independentistas (a menudo de todo menos pacíficos) la Organización de Naciones Unidas, ONU para los amigos, fue un elemento decisivo defendiendo la autodeterminación de la peña. También empujaron mucho en plan cabroncete, barriendo para casa, las dos poderosas potencias salidas de la guerra, Estados Unidos y la Unión Soviética, que pretendían quedarse con el pastel con una influencia neocolonial menos formal pero descarada y sin complejos, comiéndoles la oreja a los nuevos líderes y atizando bajo mano guerras y guerritas que le hicieran al otro la puñeta. El caso es que la principal potencia colonial del mundo, Inglaterra, abordó el complicado proceso con una mezcla de fronteras artificiales, hijoputez y sentido común, con muchas negociaciones y menos tiros propios (India, Pakistán, Ghana, Tanzania y Nigeria, por ejemplo). Eso no impidió que se viera envuelta en pifostios de campanillas como la insurgencia comunista en Malasia o la rebelión de los Mau-Mau en Kenia. También Holanda (Indonesia fue una guerra anticomunista seria) y Bélgica (en el Congo se organizó una literal, y digo literal, merienda de negros) tuvieron sus pajarracas gordas; pero la que más dio que hablar fue Francia, reacia a soltar lo que tenía, que defendiendo lo suyo como gato panza arriba protagonizó las dos guerras coloniales más bestias de la época. Una fue la de Indochina (1946-1954), que terminó con la derrota gabacha en Dien-Bien-Phu, su retirada de Asia y la entrada de los Estados Unidos en la zona, con posterior guerra de Vietnam y otras consecuencias (lean El americano tranquilo, de Graham Greene, que narra bien el ambiente). La otra guerra franchute (aquí pueden leer Los pretorianos, de Jean Lartèguy) fue la de Argelia, que no era considerada colonia sino parte integral del país (mi madre, que vivió unos años en Orán, siempre hablaba con naturalidad del tiempo que había pasado en Francia) y que a partir de 1954 fue un desparrame de guerrillas rurales y terrorismo urbano, bestial represión incluida, que acabó con la independencia en 1962. Así, tacita a tacita, la vieja Europa fue diciendo adiós, muchachos. Los últimos en largarse, ya en los años 70, fueron Portugal (con sucias guerras coloniales en Angola, Mozambique y Guinea-Bissau que acabaron de rebote por liquidar la dictadura que gobernaba el país) y España, que tras su retirada de Marruecos en décadas anteriores acabó por abandonar Guinea Ecuatorial de mala manera, convertida en una dictadura, y el Sáhara Occidental, más vergonzosamente todavía (Dios nunca nos condujo a los españoles por el camino de las descolonizaciones ejemplares). Portugal dejó tras de sí un montón de guerras civiles africanas, y España lo que todos sabemos. A uno y otro conflicto asistí como reportero, teniendo el curioso privilegio de presenciar el ocaso y final de aquella Europa que había dominado el mundo.

[Continuará].

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Publicado el 2 de enero de 2026 en XL Semanal.

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ricarrob
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1 mes hace

Muy buen resumen, don Arturo. Estas consideraciones y conclusiones no tienen desperdicio.

Una de las lecciones que la Historia nos da, viene por todo esto. La perspectiva que da la historia es incuestionable e ignorarla es un dislate. Como lo es tergiversarla. Inapelable su juicio.

Voy a ello. A fines del XIX y comienzos del XX, antes de estas debacles sangrientas de las dos guerras mundiales, en pleno auge de los imperios coloniales, sobre todo en de los anglos, ante los desastres coloniales de los países del sur de Europa (sin ir más lejos, el 98 fue el Gran Desastre y Annual fue otro más; ambos constituyeron la culminación de la ineficacia, de los juicios errados y de la mala gestión, aparte de la habilidad de las élites hispanas de meternos en grandiosos fregados), enarbolaron la teoría de la decadencia de los pueblos latinos frente al gran auge de los anglosajones y de los nórdicos en general (lease a Tomás Pérez Viejo: su libro “3 de julio de 1898. El fin del
imperio español”.

Pocos añitos les duró, sobre todo a los ingleses, la alegría y el sentimiento de superioridad racial. “Toma por culo”.

Los vaivenes de la historia nos dan estas lecciones. Los imperios no duran siempre y los gobiernos y las dictaduras tampoco. Las ilusión de perpetuidad solamente la tienen los cretinos. Y no me estoy refiriendo a nadie. ¿O sí?

Mi tristeza y mi conmoción hoy y los pasados días es enorme. Aunque los humanos que sobrevivimos lo planteemos siempre de forma egoísta y pensemos que nos podría haber pasado a cualquiera de nosotros. Esto, si lo pensamos bien y profundamente es terrible: podría haberle pasado a cualquiera. Días de luto, desesperanza, dolor y consternación.

Un responso para todos los que se han ido:

“Que su esencia, sus recuerdos y su legado perduren en nuestros corazones. Que encuentre paz en su viaje, sea cual sea el destino, y que su memoria sea una luz que nos guíe. Descansa en paz”.

Y, como siempre en este país, nunca sabremos nada. Nada. NADA.

Saludos a todos. Con dolor y con miedo. ¿Qué será lo próximo?

ricarrob
ricarrob
1 mes hace
Responder a  ricarrob

Por acotar lo dicho sobre los nórdicos y sus imperialismos, me he topado esta misma tarde, leyendo algo sobre el XIX, con la frase de Lord Salisbury, primer ministro de Gran Bretaña en 1898, que escribió a los pocos días de la debacle española lo siguiente:

«década tras década, son cada vez más débiles, más pobres y más desprovistas de hombres capaces de conducirlas o de instituciones en las cuales confiar»

Ellos eran las naciones vigorosas y las latinas, con España, las moribundas. ¡Échale guindas al pavo!

Juan A.
Juan A.
1 mes hace

“Una historia de Europa” nos ha acompañado como lo hizo “Una historia de España” y como bien lo podría hacer hipotéticamente “Una histotia universal” o algunas variadas historias particulares de grandes imperios, culturas i similar.
Sin embargo, después de trazar los rasgos de lo que fueron los estratos del hoy, admito una apetencia por lanzarnos a lo que será o podría ser el mañana, lo que nos depara este palipsesto intricado y convulso actual.
Quien fue cronista de turbulencias y es consolidado narrador eficaz considerará con razón que esta ocurrencia es harina de otro costal, que a buenas horas para lo que le queda en el convento y que ya demasiado tenemos por acometer.
Sabemos que hubo un ayer e imaginamos qué habrá un mañana. Pero cuál. Esta mirada es natural, una búsqueda necesaria (la prole requiere), la fuente de esperanza en unas garantías (mínimas) de vida (supervivencia). Utopía, distopía u otra -pía a desarrollar. Quizás sea tecnosolucionista. Quizás tecnofeudalista. Quizás sin tecnos, sino agros, socios, ecos…
Acabo con mi “gracias”, A P.-R., por su puntual entrega.

basurillas
basurillas
1 mes hace
Aguijón
Aguijón
1 mes hace
Responder a  basurillas

Grande Gardel…
Por una cabeza es mi favorito.

Jonathan
Jonathan
1 mes hace

El mejor artículo de la saga “Una historia de Europa”.
Muestra lo miserables que podemos ser como seres humanos.

Antonan
Antonan
1 mes hace
Responder a  Jonathan

Pues sí, se nota que conoce de primera mano todo lo que habla. Desgraciadamente suena a despedida. Se van a echar de menos estas entregas, aunque hoy por hoy no será por temas de actualidad.
Saludos!!!

Jonathan
Jonathan
1 mes hace
Responder a  Antonan

Estimado, me temo que la actualidad no es tan actual. Es una historia que se repite pero con diferentes cerdos, perros y ovejas.
¡Saludos!

Javier
Javier
1 mes hace

En realidad los japoneses ya le pintaron la cara a una potencia europea, en 1905, a los rusos, cuyo resultado sería uno de los precursores para la Revolución volchevique de una década después.
Ahora otros bajitos amarillos amenazan hacer lo mismo con los Estados Unidos y con Occidente en general.
El libro del Apocalipsis cuenta como Occidente recibirá multiplicado por cuatro el mal que ha infringido a los países del Tercer Mundo, si consideramos válido que Babilonia, la Grande, la madre de las remeras, somos nosotros, los occidentales.
Años después de la descolonización, nos hemos inventado la globalización para seguir chapando la sangre a estos países. Pero ellos han dicho basta.
Arrepintámonos. Estamos a tiempo.
Saludos.

ricarrob
ricarrob
1 mes hace
Responder a  Javier

Tanto antes, en tiempos de las colonias, como ahora, con la globalizaciòn, los que se aprovechan son unas élites empresariales y políticas. El pueblo, el común, nunca se ha aprovechado de nada. Trabajar y nada más. La gente común no tiene por qué arrepentirse de nada ya que nada ha hecho, ni antes, ni ahora.

Unos pocos organizan las corrientes de la historia. El resto, la gran mayoría, sin más, sigue la senda que otros le trazan. Aquì y en Pekín.

Respecto a Japón, desde el XIX, es tal occidental como cualquiera. Decidió asumir esos valores. Y, a partir de los años 20, fue una de las naciones más coolonizadoras que haya habido.

No sé si se refiere usted al Apocalipsis de San Juan. En el siglo I y en la isla de Patmos, se le debía dar mucho al porro y al tintorro. Luego pasa lo que pasa y se escribe lo que se escribe. Yo, por mi parte, no creo en las profecìas, sobre todo si son crípticas y numerológicamente simbólicas.

Saludos.

Javier
Javier
1 mes hace
Responder a  ricarrob

Verá, el comodín de “las élites malvadas” está muy bien, pero es solo eso: un comodín. La vida está llena de situaciones en las que uno tiene que decidir. Vivimos en una jaula dorada, y a trece kilómetros de la Punta de Tarifa, no. Ya ve que no solo las élites se aprovechan de ello. La gente común debe de ejercitar su mente y pensar que muchas de sus decisiones provocan las desigualdad en el mundo. Si usted decide comprar unos pantalones “Made in Bangladesh ” por baratos, y no “Made in Spain”, esta contribuyendo a la miseria de aquel país. Gracias a ello usted puede comprar barato algo fabricado a miles de kilómetros de distancia de su casa.
Japon se occidentaliza después de la derrota en la Segunda Guerra Mundial, no antes. Es más su manera de luchar en esa guerra, su comportamiento como pueblo, en esa época, obedece a su propia tradición, no es la actitud de un pueblo occidentalizado.
Las profecías del Apocalipsis de San Juan, han sido interpretadas miles de veces en los últimos mil quinientos años. Se identificó la ramera babilónica con Roma, y a partir de ahi, con todos los imperios que en el mundo han sido. La Biblia, y dentro de la Biblia, el Apocalipsis, se puede leer en sentido profético, pero también en sentido meramente religioso y de culto, o en un sentido revolucionario y de búsqueda de la libertad, e incluso en sentido económico. Luego si usted cree en Dios, como es mi caso, mejor que mejor. Por eso es el libro de los libros.
El porro en Patmos, dos mil años ha, no creo que se diera, pero bueno, le preguntaremos a J.J. Benítez.
Saludos

ricarrob
ricarrob
1 mes hace
Responder a  Javier

Opiniones diferentes, haberlas haylas. La riqueza del pensamiento humano está ahí. No como los políticos que pertenecen a otra especie animal y piensan todos lo que les marca el partido.

Diferimos en todo lo dicho, pero encantado de departir con usted. Reunidos en persona y con un plato de ibérico (todavìa no hecho en china) y un vino de Rivera o de Rioja hasta igual nos pondríamos de acuerdo.

Respecto al malvado Occidente, decirle que el Eurocentrismo ha sido fabricado por élites provenientes del tercer mundo, educadas en Occidente y que viven, a costa de ello, como marajás, denigrando a los que los han acogido y educado. La historia no se limita a dos siglos solamente. Es mucho más. A lo largo de ella, no me voy a extender, todo el que ha podido ha sometido a los demás, se ha aprovechado malamente y ha construido imperios colonizando a otros pueblos. Eso es así desde hace 10.000 años.

Respecto a Japón, en el XIX, desde 1868, la dinastía Meiji, decidiò occidentalizardose y terminar con el shogunato. Otra cosa es que conservaran aspectos de su milenaria tradición. Nosotros también conservamos retazos celtíberos, romanos, godos e islámicos a pesar de que todos nos vistamos con horribles vaqueros y bebamos la vomitiva Coca-Cola. Estimado, no se puede cambiar la historia a gusto de cada cual.

Gracias y saludos.

Javier
Javier
1 mes hace
Responder a  ricarrob

Igualmente, diferir con respeto es un ejercicio sano, y más con personas doctas y educadas como usted. Le diría que hasta da gusto no tener razón, pero quizá caería en una paradoja, quizá, una poco absurda.
Cordial saludo, y gracias a usted.

Basurillas
Basurillas
1 mes hace
Responder a  Javier

UNA GRAN IDEA
Me place invitarles, D.m., a ustedes dos y a quienes de por aquí se quieran unir (mediando esos citados aditamentos culinarios de comercio y bebercio) a esa departición cultural, en tierras de Alcalá de Henares, en Madrid, cuna bautismal de nuestro común amigo Don Miguel de Cervantes. Razón aquí…

Julia
Julia
1 mes hace

Buenos días Sr Pérez Reverte

Lo único que recuerdo de esas guerras fueron la pérdida de las colonias de Portugal.

Lisboa estaba llena de pretos, pululando por las calles con gran disgusto de los portugueses que no los querían en su territorio.

Siempre que viajábamos a Portugal traíamos unos paquetes de café riquísimo y a finales de los sesenta ya no se podía comprar,

La primera vez que fui al país vecino encontré una gran diferencia en la forma de vida y hoteles de lujo con respecto a España, sin embargo en 2025 comprobé el gran avance español.
Portugal se ha quedado atrás.

Muy interesante como siempre, pero con un plus añadido, el haber existido mientras sucedían esos acontecimientos.

Un saludo afectuoso.

Julia

Aguijón
Aguijón
1 mes hace

De los salones de Moctezuma hasta las costas de Trípoli.

Colonialismo no es bueno…
El lema que supedita
A ese cuerpo de bomberos
Que usaba la dinamita.

(La dinamita o C4,
El explosivo da igual,
Ya saldrá luego la tonta:
Goma 2 y ¡vale ya!)

No quería el “tito” Richard
Que el “lejía” tome el sol
Preocupado por los golpes,
Por los golpes de calor:

“En la arena sahariana
Nada tienes que rascar
Mejor deja que allí rasque
El camello de Hassan.”

Ahora el del pelo naranja
Ha convencido al felón
Y cambiando de chaqueta
Ha “firmao” la rendición:

“Hay un clima insoportable,
No se puede gestionar,
Que lo gestione Marruecos
Que es un socio de fiar”

Y termina la aventura,
La aventura colonial,
Que se jodan los que votan,
Los que votan “sanchidad”.

PD:
Catalonia is not Spain,
And Greenland is not “Europe”…
Prefiero ver a Jonh Wayne
Aunque sea en “Cinemascope”.

Los Centauros del desierto,
McLintock!, La diligencia,
La conquista del Oeste…
Con el “duque”, su excelencia.

Ése sí tenía planta,
Y la sabía lucir,
Otros sólo tienen facha
Y costumbre de mentir.

quiensabe
quiensabe
1 mes hace

Tampoco están mal las versiones cinematográficas de la novela de Green, la de 1958 y la 2002. En cuanto a lo de Argelia, mencionar La batalla Argel, de Gillo Pontecorvo, con una factura a medias entre la ficción y la realidad; por cierto, Pontecorvo también rodó Operación Ogro, sobre el asesinato de Carrero Blanco.

John P. Herra
John P. Herra
1 mes hace

Independencia: cambio de amo. Hay todavía mucho que decir y desmitificar sobre la descolonización. El señor Pérez-Reverte ha dicho unas cuantas cosas importantes, con la autoridad que le da no haberlo visto desde la grada, sino en la arena. Ojalá dejara un testimonio mucho más amplio de sus años de reportero de guerra, y yo que lo lea. Para mí, sería el más interesante de sus libros.

Encarnitagarciasegado
Encarnitagarciasegado
1 mes hace

Y0 también me sumo a las felicitaciones de estos buenísimos capítulos que nos presentan eficazmente resumidos lo que fue de nuestra historia pasada y reciente. falta por ver el futuro que nos espera , que no parece más grato .
Fiel lectora suya , don Arturo.
Y dice bien de su madre, a la que tuve el privilegio de conocer . Cuando hablaba de su estancia en Francia y su paso por Los Sagrados Corazones , yo creía que era en Francia hasta que me sacó del error.
Gracias por ilustrarnos.