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Una historia de Europa (CXXII)

Se va acabando esta informal historia de Europa, porque a medida que llega al presente todo es más fresco y sabido. Además, meterse en el jardín contemporáneo da una pereza enorme. Abreviaré diciendo que derrotados nazis y fascistas (protegidos por el anticomunismo de los EEUU, aún quedaban la España de Franco y el Portugal de Salazar como anormalidades políticas) y con la Unión Soviética dueña de un cinturón defensivo de países del este, el continente acabó estabilizándose a uno y otro lado del llamado Telón de Acero. Gracias a la lluvia de dólares de la ayuda norteamericana, Europa occidental se reconstruyó y modernizó. Países como Italia, Francia, Inglaterra y Alemania occidental, con sus respectivos regímenes parlamentarios, crecieron de forma asombrosa y estrecharon vínculos entre ellos. La idea base era evitar una nueva escabechina internacional, y eso se trabajó con tratados y declaraciones (como la Universal de los Derechos Humanos en 1948) y con planes de seguridad social, sanidad pública y educación. Mejoró de modo espectacular la actividad industrial, surgió una nueva clase media productora y consumidora, y la suma de intereses fraguó en la Comunidad del Carbón y el Acero (1951) y en la Comunidad Económica Europea, creada en 1957, a la que se fueron adhiriendo estado tras estado. Por su parte, al otro lado del Telón de Acero, la URSS (que había hecho un corte de mangas al Plan Marshall e iba a lo suyo) pastoreó con mano de hierro el llamado bloque socialista, privado de libertades políticas y con fuerte presencia militar soviética en Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Rumanía y Bulgaria (en Yugoslavia y Albania, con cierta autonomía propia, tuvieron sus propios modelos). Es indiscutible que en avances sociales los países comunistas mojaron la oreja a los occidentales, tanto en sanidad pública como en educación, igualdad de sexos y educación escolar; pero los límites políticos eran férreos, y la zona de influencia soviética fue sometida al modelo impuesto por Moscú: planificación centralizada, nacionalización de recursos, colectivización agraria y represión por parte de la policía política. Todo se hizo con una fría determinación que, aunque por una parte reforzó el tejido industrial, por la otra ocasionó escasez de bienes de consumo, ausencia de libertades políticas, absoluto control estatal y eliminación de toda disidencia. Fue Alemania el símbolo más evidente de la división de Europa: troceada en zonas controladas por los vencedores de Hitler, en 1949 se formalizó el asunto con la división de Berlín y la creación de dos estados: la República Federal de Alemania al oeste y la República Democrática Alemana al este (lo de democrática resume el cinismo de la retórica comunista de la época). En 1961 se construyó el muro de Berlín para evitar la fuga masiva de alemanes de la zona oriental, tentados por la prosperidad de la vecina república federal; y durante cuarenta años ese muro literalmente criminal fue símbolo de la división política europea, frontera entre la libertad y la represión comunista: a un lado la OTAN (alianza militar con Estados Unidos, en 1949) y al otro el Pacto de Varsovia (alianza militar dirigida por la Unión Soviética, en 1955). Paz imposible, guerra improbable, escribió el filósofo Raymond Aron. Con la disuasión nuclear de por medio, planteada una coexistencia razonable a partir de la muerte de Stalin (1953) y la llegada al poder en Moscú de Nikita Kruschev, ambos bloques equilibraron fuerzas limitándose a dar pellizquitos de monja (guerras coloniales, ajedrez en Oriente medio, crisis de los misiles en Cuba); pero siempre acabó por imponerse la prudencia, dejando cada cual las manos libres al otro en sus respectivas zonas. Eso hizo posible que, sin oposición occidental, la Unión Soviética aplastara de modo sangriento la revolución en Hungría cuando ésta quiso sacudirse el control comunista (1956) y también el intento de Checoslovaquia de convertirse en una democracia (1968). El equilibrio se mantuvo así hasta que el modelo soviético, incapaz de resistirse a los encantos que el pérfido capitalismo le restregaba por el morro, hizo crisis en la década de los 80, cuando las reformas de Mijail Gorbachov (Perestroika) aflojaron el control ruski sobre sus satélites. En 1989, una ola de protestas populares derribó a varios gobiernos comunistas, y ese año cayó el muro de Berlín. Paradójicamente, tal momento de euforia inauguró una era de incertidumbre, abriendo procesos de complicadas consecuencias a uno y otro lado de la antigua frontera. Durante cuatro décadas, el Telón de Acero había sido una línea nítida en una Europa que parecía fácil de entender: a un lado los buenos y a otro los malos, según el punto de vista de cada cual. Hoy esos conceptos han dejado de estar claros.

[Continuará].

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Publicado el 2 de enero de 2026 en XL Semanal.

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John P. Herra
John P. Herra
16 horas hace

No veo en absoluto evidente que los países comunistas mojaran la oreja a los occidentales en avances sociales. Los avances sociales llegan cuando ganas pasta, tienes poder adquisitivo y hay cosas que comprar, abundantes y de todos los precios. Eso sólo lo tienes en una economía de mercado libre. Eso es lo que te da libertad para elegir qué quieres en tu vida. Quien haya cruzado el Telón de Acero habrá visto la escasez que tenían en casi todo. La policía de la DDR, por ejemplo, con un cartón de Marlboro y un juego de bragas de encaje te hacía reverencias.

Por cierto, a estas horas, el amigo Ricarrob ya habría dejado algún comentario. Me extraña mucho no leerle por aquí. Espero que mi aprensión sea infundada y que sólo sea que hoy se ha dormido.

ricarrob
ricarrob
6 horas hace
Responder a  John P. Herra

Por aquí andamos, señor Herra, con el síndrome postnavideño. Con la sorpresa de comprobar que, a pesar de estar ya los venezolanos sin el inmaduro Maduro, el paraíso marxista va a continuar para ellos. Continúa un capítulo más de la almodovariana (que no bolivariana) república zapaterista. Cruela de vil se ha hecho con la perrera.

Saludos cordiales.

ricarrob
ricarrob
15 horas hace

La Historia. Mirar el pasado, el verdadero, es la mejor enseñanza para el futuro, si lo hay… La contemporánea, sí. Pero hay algo que se repite desde la antigüedad. Es persistente y parecería que hay algún gen defectuoso que de tanto en tanto reaparece en algunos individuos.

Nada mejor que un día triste, con un ambiente de recia niebla londinense, con una humedad que cala los huesos, sobre todo de los que tenemos más edad, con un frío de gónadas masculinas, con una sensación de profundo fracaso humano general, con pesimismo y en medio de una sociedad decadente y degradada, para mirar hacia atrás.

Siempre ha habido alguien, o incluso más de uno, que han creído poder alcanzar el dominio mundial total. Don Arturo, nos ha concluido la historia de uno de ellos: Hitler. Sueños húmedos de raza superior y de dominio del Orbe.

Siempre fracasan estos sujetos. Ni Tamerlán, ni Temujín, ni Augusto y su Imperio Romano, Ni Sargón de Akad, ni Inglaterra y su reina Victoria, ni Hitler, ni Tojo, ni Felipe II, ni Napoleón, ni el senador Palpatine con su Darth Vader, ni Sauron con sus anillos. No se rían ustedes, no va de broma. La ficción, la buena ficción, es muchas veces reflejo de la realidad y de la historia. El recuerdo y la memoria inconsciente de los caudillos que a lo largo de la historia han intentado el dominio mundial, llenan nuestras obras de ficción y por eso nos atrae su lectura.

Hoy, de nuevo, algunos Palpatine y Darth Vader ocupan puestos de poder. Hoy, de nuevo, el dominio mundial es deseado y buscado por ellos. No aprenden. Fracasarán, seguro.

Mientras tanto, el sufrimiento, la muerte, la desolación, el miedo, la inseguridad. O, quizás, la destrucción total de TODO. Darth Vader, la Estrella de la Muerte. El Imperio contraataca.

Mientras tanto, guardemos inmensas colas para devolver nuestros odiados regalos de Navidad, volvamos al gimnasio para bajar los michelones de los turrones y la grasa de los asados y mariscos y recojamos los adornos, luces, bolitas, bolongas, etc. guardándolos hasta el verano próximo (he dicho bien, hasta el próximo verano ya que la Navidad va a durar, a este paso, los doce meses del año; así no sufriríamos el síndrome postnavideño). Mientras tanto, acudamos masivamente a las rebajas. a codazo limpio y arañando si se da el caso, para comprar a precios de supuestas gangas, aquella ropa o zapatos que nunca nos vamos a poner y que terminará en contenedores para el tercer mundo o aquel artilugio tecnológico que se quedará obsoleto en tres meses y que terminará en basureros africanos inmanejables.

Porca miseria de sociedad.

Saludos a todos.

Jose Maria
Jose Maria
13 horas hace

RDA, además de cinismo, maldad pura. Por que hay que ser malvado para llamar a eso democracia ( popular decían).

Pilar
11 horas hace

Dice Ud.: “lo de democrática resume el cinismo de la retórica comunista de la época”
De la época y de ahora. No hay más que ver lo que dicen los sátrapas de Venezuela, con una verborrea de neolengua barroca, hipócrita y falaz, que alcanza para dar nombre a leyes, ministerios, resoluciones y peroratas parlamentarias.

Jose María
Jose María
6 horas hace
Responder a  Pilar

Y tan de ahora. No vamos a enumerar aquí a la panda de cínicos que nos gobierna y que nos quieren hacer creer que el sol sale por el oeste si así les conviene en un momento dado.

Javier
Javier
11 horas hace

Yo, recomiendo a la gente, que escuche el discurso de despedida del presidente de los Estados Unidos, y uno de los generales vencedores de la gran masacre, Dwight D. Eisenhower. (Se puede ver y escuchar, traducido y subtitulado en YouTube)
Ahí, Eisenhower, resumía perfectamente hacia donde iba, si nadie lo remediaba, Occidente en general, y los Estados Unidos en particular: a caer bajo la dictadura del complejo militar e industrial, y financiero.
El mismo que financió la guerra, y el mismo que financió la paz relativa de la guerra fría.
A pesar de la advertencia del general, se cayó bajo esta dictadura, tanto que estamos a un dedo de volver a las andadas otra vez.
Como reseña de esta época que relata usted recomendaría una película, “7 días de mayo”, película dirigida por John Frankenheimer, y protagonizada por Burt Lancaster, Kirk Douglas y Ava Gadner, entre otros.
Saludos.

Aguijón
Aguijón
9 horas hace

Alexander, el flaco.

Quizá me adelanté al comentar el capítulo anterior de esta Historia de Europa, porque, en realidad, estoy muy de acuerdo con este análisis final de don Arturo.
Sólo una anécdota, para mí esclarecedora:
En 1976 Alexander Solzhenitsyn, premio Nobel de literatura, visitaba nuestro país. José María Iñigo le entrevistaba en la televisión pública y única.
La progresía patria (hijos políticos de los “amigos de la Unión Soviética” en los años 30 y, muchos de ellos, hijos biológicos de prebostes del franquismo) atacó de forma furibunda al escritor ruso que vivió en carne propia los “éxitos” del socialismo real en materia democrática.
No es “Archipielago GULAG” una obra fácil de digerir pero parece que a todos estos sibaritas se les atragantó el testimonio.
Total, que en la entrevista, el “exsoviético” opinó que los españoles, en general, desconocían verdaderamente cómo funciona una dictadura totalitaria, porque lo que ellos habían vivido era otra cosa.
Puso como ejemplo el que todo el mundo podía, con un duro, ir a una copistería y hacer una fotocopia (era cierto, en el tardofranquismo hasta los opositores más tontos tenían multicopista) y que se podía ir de Madrid a Alicante, cruzando las diferentes provincias del recorrido, sin que nadie te parase para pedirte los papeles.
Se burlaron del concepto de libertad que tenía ese señor al que expulsaron de la Unión Soviética.
Años más tarde, en 1989, quienes encabezaron las protestas en Berlín oriental, que acabarían derribando el muro, tuvieron que redactar las octavillas del llamamiento usando papel de calco y una máquina de escribir.
Igual sabía de lo qué hablaba ese señor al que lo más bonito que le dijeron fue asténico.
Y, ya en 2020, pudimos comprobar, fehacientemente, el respeto que tienen a la libertad de movimientos de las personas estos grandes “demócratas” hoy ya nietos de los que insultaron al bueno de Alexander.

Saludos “camaradas”.

José Prats Sariol
José Prats Sariol
8 horas hace

En efecto: hoy las relaciones de poder exhiben una turbulencia rara y muy peligrosa, sobre todo ante el cinismo hipócrita del nuevo zar, del ambicioso mandarín y obviamente de Monroe, que renace tras 1823.

Aguijón
Aguijón
6 horas hace
Responder a  José Prats Sariol

“América para los americanos” no especificó Monroe que para los “últimos que llegaron a América”, los que se cargaron al último mohicano…
De todas formas, los que reniegan de la madre quizá merezcan una madrastra.

ricarrob
ricarrob
6 horas hace

Por cierto, sr. B., se le echa en falta. Anímese que el patio está que arde. El patio patrio y el otro patio.

Un abrazo.